Las personas que viven en sitios feos y rodeados de catástrofes son más religiosas

Estudios científicos hay para todos los gustos. Incluso los hay que tienen la maravillosa capacidad de unir cosas aparentemente inconexas. Es el caso de una de esas investigaciones que solo se les podrían ocurrir a los estadounidenses, la publicada por el Journal Sociology of Religion. Se trata de un estudio que concluye que aquellos que viven en los lugares más bonitos del país son menos religiosos. Dicho de otra manera: si las vistas desde tu ventana no son dignas de un buen puñado de fotos en Instagram, eres un beato de manual.

Para llegar a esta sesuda y sorprendente conclusión, Todd Ferguson y Jeffrey Tamburello, de la Universidad Baylor, en Texas, compararon datos de encuestas sobre la devoción religiosa de personas de diferentes lugares con opiniones sobre la belleza natural de cada lugar y su clima idóneo.

La investigación fue completada con distintos documentos sobre aquellos sitios estéticamente más favorecidos por otros factores como el clima, el nivel de humedad o incluso la topografía. Por último, sumaron el nivel socioeconómico de cada región

Los resultados son verdaderamente curiosos. Según Ferguson y Tamburello, la gente rica que disfruta de unas vistas increíbles (tienen dinero para comprarse una casa increíble en un paraje de ensueño) siente que no necesita a Dios: “Cuando una persona camina por un bosque para conectar con lo sagrado, ese individuo podría no sentir la necesidad de afiliarse a un grupo religioso”, explica Ferguson.

Montañas

Esto explicaría que, tal y como plantea el estudio, la presencia de la religión en Estados Unidos fuera menor en el oeste, mayor en el sur y un término medio en el Medio Oeste y el noreste: la concentración de montañas, bosques y otros bellos paisajes hace que para nada sea preciso acudir a la iglesia, a la sinagoga o a la mezquita cada semana.

Así, los ateos yanquis a los que les encanten los paisajes naturales increíbles, quizás deban mudarse a la región del Noroeste del Pacífico, cuyo clima es más cálido y cuenta con atractivos naturales tan bellos como saltos de agua o montañas. En Europa, una casita en medio de la salvaje naturaleza escandinava debería ser suficiente para olvidar la religión.

En cambio, lugares con paisajes feos o incluso desoladoras ciudades como la casi abandonada Detroit, faro en un tiempo del poder de la industria automovilística y ahora venida a menos, son todo un peligro para el ateísmo. Según el estudio, es allí donde la gente termina buscando un dios.

Cataratas

No obstante, el estudio va más allá de los aspectos estéticos. Así, las personas que viven en lugares tranquilos, plácidos, no necesitan acudir a las religiones para pedir protección ante desastres naturales. La diferencia entre una situación y otra se aprecia a la perfección en un lugar tan lejano como las islas Trobriand, en Papúa Nueva Guinea. Allí, los pescadores que salen al mar a pescar realizaban rituales mágicos para aventurarse en las aguas del océano. Sin embargo, los que pescaban en las bellas lagunas interiores no se sentían desprotegidos en absoluto y se lanzaban a la aventura, sin mayor problema.

Si regresamos a Estados Unidos, podemos encontrar un ejemplo más apabullante: el conocido como ‘cinturón de la Biblia’, una amplia área en el sureste del país donde el cristianismo evangélico tiene una amplia presencia. La región coincide curiosamente con el área del ‘tornado Alley’, un término con el que se conoce a la zona donde hay mayor número de posibilidades de que se formen estos fenómenos de la naturaleza. Con tanta alerta, a la gente le resulta casi imposible buscar el refugio de un salvador, que no es no precisamente Superman.

cinturón de la Biblia

En cualquier caso, por si a alguien le han surgido suspicacias al conocer este estudio, Jeffrey Tamburello se ha apresurado a aclarar que no están “declarando que los residentes en áreas más ricas en aspectos naturales tienen más posibilidades de crear una Iglesia de la naturaleza”. Quienes quieran credos artificiales, que no se olvide del gordoísmo. Y que se plantee si el sitio en el que vive es demasiado feo.

Montañas Rocosas

Con información de IFLScience!, Religion News Service y USA Today

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