El inquietante arte de las pruebas nucleares: estos dibujos infantiloides demuestran que eres radiactivo

Si creías que el mundo de los diplomas y los certificados es por naturaleza soso y clásico en exceso, es porque no has visto cómo se las gastan los estadounidenses. Hace algunas décadas, cuando los yanquis hacían pruebas nucleares en vastas extensiones de campo o de mar, los participantes recibían una especie de ‘credencial de asistencia’. Esto es ya lo suficientemente estrafalario como para echarse las manos a la cabeza. Pero no solo sorprende que hubiera gente que participara en estas pruebas y que les dieran un papelito que acreditara su presencia: la guinda del pastel la pone el aspecto de las cartulinas de marras.

Kelly Michals se ha dedicado a reunir en un álbum de Flickr varios de estos diplomas de asistencia, que sorprenden por uno de sus elementos: incluyen unos dibujos a medio camino entre la caricatura y la creación de un niño de preescolar. Si hay quien enmarca su título universitario, lo más probable es que muchos se lo piensen antes de hacerlo con estos inquietantes trozos de papel que demuestran lo cerca que estuviste de ser radiactivo.

Diploma de Stalin

Aparte de lo infantil de su diseño, los dibujos rozan en ocasiones el límite de lo políticamente correcto. La imagen superior, de 1951, en plena guerra fría, presenta de forma nada sutil a un Stalin que contempla maldiciendo las pruebas nucleares que hay al otro lado del océano.

Cuando los dibujos no atacan al enemigo, directamente parecen sacados de una página del TBO o de una revista erótica. Eso es lo que uno deduce de este diploma, con el que cabe preguntarse por qué aparecen sirenas con el pecho al aire custodiando un hongo nuclear:

Diploma de sirenas

Nada en ese diploma tiene desperdicio, sobre todo en pleno siglo XXI. Hay unas anclas, un dragón chino y un hombre con una máquina de escribir cuyos folios se están cayendo. Una mezcla tan heterogénea de elementos que no deja de dar algo de repelús (teniendo en cuenta lo que certifica el papelito).

En otras ocasiones, hay que aplaudir la creatividad de esos diseñadores aparentmente recién salidos de la guardería. Así, antes de que Disney nos contara que había genios que salían de lámparas mágicas, alguien decidió recuperar el cuento de Aladino, solo que en esta ocasión lo que sale de la lámpara no es muy agradable que digamos:

Mapa de Aladino

Eso sí, la mezcla con las avispas de la esquina superior derecha y con las hortalizas de abajo le quita algo de magia al asunto. ¿Berenjenas nucleares?

En otras ocasiones, los diplomas hacían una referencia al nombre de la operación que se acreditaba. Así, el certificado de la Operación Wigwam, que tiró una bomba atómica en el fondo del mar, lleva una de estas típicas construcciones de las tribus nativas del país:

Diploma de Wigwam

Es una tienda pequeña, todo lo contrario que sucede en el certificado de la Operación Gnomo, para el que llevaron los límites del pitorreo al máximo exponente. Ya que la iniciativa va a llevar ese nombre, ¿qué tal si decoramos la acreditación con los más famosos de esa especie? La Operación Gnomo estaba inserta dentro del Programa Plowshare de utilización de explosivos nucleares con un objetivo pacífico. Imposible no pensar en los siete enanitos de Blancanieves.

Diploma de gnomos

Y si todos estos certificados te han parecido increíbles, nos despedimos con uno que nos resulta un poco escalofriante. Aquellos que participaron en la Operación NTS 56-B recibieron uno con una imagen rarísima: unos niños inflan unos globos y los sueltan mientras otro observa el recorrido que hacen en el cielo. ¿Qué quiere decir? Y peor aún: ¿hubo niños en el área de contaminación de las pruebas? Los pelos como escarpias.

Diploma de niños

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