Seis atletas femeninas que parecen señores

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Imagen: Fame Flynet

Ahora que estamos en plenos fastos del orgullo gay, bisexual, lesbiano, transgénero y lo que surja, es el momento de aportar un granito de arena a este fiestón de la diversidad y el despiporre.

Porque lo que vamos a ver a continuación es un desfile y no precisamente de modelos, sino de atletas femeninas que tienen aspecto de rudos camioneros, ya sea por vigorexia, por doping, por genética o por vicio.

No es esto, en ningún caso, una exhibición de freaks, sino una celebración de la diferencia. Porque, al fin y al cabo, y aunque todos estos engendros puedan parecer y parezcan machotes, son, en el fondo de sus entrepiernas, hembras o, al menos, hermafroditas. Y que Dios me perdone, pero eso no deja de tener su morbo.

Ana Pascal

No, eso que sale en la foto no es Mike Tyson, sino una boxeadora panameña. De niña peleaba en la calle, más tarde en la cárcel y finalmente en el cuadrilátero. A hostia limpia se ganó el apodo de “Dinamita” y se hizo con el título de “Mano de Piedra”. Más chula que un ocho, siempre se negó a ponerse protector pectoral porque “mis tetas son puro músculo”.

Son legión los que han dudado de su hembría, pero ella ha salido airosa de todas las pruebas médicas y, aún hoy, exclama ante los escépticos: “¡Soy mujer!”. 

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Imagen: Radio Panamá

Amélie Mauresmo

A los cuatro años se enamoró del tenis y a los 19 llegó a la final del Open de Australia; tras ser derrotada, confesó públicamente su lesbianismo. Muchos ya lo barruntaban, pues la chica tenía un exagerado “martillo” (equivalente sáfico a la “pluma” gay) y hacía gala de un rudo comportamiento en la pista: al contrario que la mayoría de las jugadoras, Mauresmo golpeaba de revés con una sola mano, como quien reparte bofetones.

En la actualidad, Amélie ha aparcado la competición y es entrenadora. Pero sigue pareciendo un tío.

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Imagen: Like Success

Candice Armstrong

¿Qué puede convertir a una apolínea y etérea camarera rubia en un zote moreno, musculoso y velludo? Pues un atracón de esteroides. Candice empezó a chutarse esa mielda cuando iba al gimnasio: “Buscaba hombros más anchos y caderas más pequeñas, pero no entraba en mis planes convertirme en un hombre”. Y vaya si se convirtió: entre otras cosas, sus tetas se transmutaron en pectorales a lo Schwarzenegger y su clítoris, en un micropene de tres centímetros.

Por ahora, Candice no tienen intención de dejar los esteroides, pues cree que “perderé los músculos pero no las características masculinas, como el vello facial o la voz grave. Esto no tiene vuelta atrás”.

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Imagen: Fame Flynet

Yvonne Buschbaum

En los juegos de Sydney de 2000, esta saltadora con pértiga solía ser confundida con un hombre, y hasta solían prohibirle la entrada al servicio de señoras. Más pronto que tarde, se retiró del deporte para pasar por el quirófano y cambiar definitivamente de sexo.

Ahora se llama Balian, tiene novia y trabaja como entrenador. Reconoce que “durante muchos años fui un varón atrapado en un cuerpo de mujer”.

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Imagen: Cancha Llena

Heidi Krieger

Alta, fuerte y corpulenta desde niña, a los 16 años el gobierno de la RDA la atiborró de sustancias dopantes para convertirla en una máquina de lanzar pesos. ¿Resultado? A “Hormonas Heidi” (así la llamaban sus entrenadores) la confundían con una drag queen por la calle, y se vio obligada a vestirse de tío para no llamar la atención.

A los 24, tenía un puñado de medallas, el pecho plano y las espaldas kilométricas. La mutación era irreversible. A regañadientes, cambió su nombre por Andreas y se resignó a ser un señor para el resto de su vida.

Heidi-KriegerImagen: Tellyouall.com.

Caster Semenya

“¿Acaso quieres que te enseñe mi coño?” Así contestó esta corredora de media distancia a un gasolinero que se negaba a creer que aquella hirsuta masa de músculos fuera una señorita. También el público la miraba con suspicacia en las Olimpiadas, donde batió el récord de los 800 metros.

Tras muchas pesquisas, el diario australiano The Daily Telegraph reveló la impactante verdad: Caster no era ni hombre ni mujer, sino un hermafrodita que en vez de ovarios tenía testículos internos. ¡Acabáramos! 

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Con ese nombre… Imagen: Telegraph.

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