La realidad supera a la ficción: un ladrón se lleva el dinero en una bolsa con el símbolo del dólar

Una pregunta que todos nos hemos hecho el algún momento de nuestras vidas es por qué diantres los ladrones de las películas de animación o de comedia, siempre que asaltan un banco, guardan su botín en bolsas con el símbolo del dólar. ¿Para que sea más evidente? ¿Acaso les produce un morbo especial? ¿O simplemente se trata de un símbolo? Sea como sea, hay alguien que se ha propuesto emular lo que sucede en los cómics.

Cuando David Lingafelter, un joven de 22 años, entró para robar en el restaurante de la firma Subway en Olympia, en la ciudad de Washington, no tenía ni idea de que su asalto acabaría en los medios. Primero, porque jamás pensó que le fueran a dar caza las autoridades (como casi todos los ladrones piensan). Segundo, porque no podía ni imaginar que se armase tal revuelo cuando solamente se llevó 100 dólares (91,1 euros) y el teléfono móvil de la empleada que fue víctima del atraco.

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Su improvisado asalto empezó con buen pie. Con un pañuelo rojo cubriéndole la cara, y un sombrero blanco para ocultar totalmente su rostro, David entró en el restaurante y utilizó una expresión que no suele fallar cuando tratas de disuadir a quien tiene que entregarte el dinero de que trate de delatarte de algún modo. “No hagas ninguna tontería”, dijo a la camarera que estaba junto a la caja registradora. Acto seguido, le pidió que pusiera las manos sobre la cabeza. Hasta ahí, ningún fallo.

Para darle más dramatismo a la escena, como después contó la dependienta, el chaval se llevó la mano al bolsillo para aparentar que portaba un arma y así intimidar más a quien tenía delante. No podemos imaginar el miedo qué sintió la dependienta, pero sí sabemos que el novato en el milenario arte del hurto solo consiguió que meter en la bolsa que portaba 100 míseros dólares. El ladrón, que parecía totalmente consciente de lo irrisorio que era su botín, no dudó en tomar prestado también el teléfono móvil que encontró a su alcance.

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Nada más salir del establecimiento, la empleada del restaurante cogió el primer teléfono que encontró a mano y rápidamente llamó a la Policía para contarles lo que había ocurrido. Los agentes acudieron rápido al lugar de los hechos y no tardaron en dar con David. Le dijeron que se detuviese, pero el inexperto ratero salió corriendo y no encontró mejor sitio para esconderse que un centro comercial. Totalmente acorralado, tampoco encontró mejor salida que saltar por una ventana en la parte trasera y se agazapó junto a un contenedor.

Allí fue donde los agentes de policía le dieron caza. Si hasta ese momento todo parecía transcurrir como en cualquier otro asalto de pacotilla, en el que la inexperiencia y la improvisación habían jugado un papel clave, lo mejor estaba por llegar. Cuando le atraparon, los agentes vieron que David portaba una bolsa con el símbolo del dólar hecho a mano. Sí, igual que ocurre en las películas de animación y en las comedias.

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Como a los clásicos malechores de dibujos, a este raterillo solo le faltaba el clásico antifaz, la boina y el traje a rayas. La clásica bolsa para portar el botín ya la tenía. De hecho, cuando lo cogieron los policias, vieron que la lleva atada a su cintura, en una posición un tanto inusual. Sin conocer el verdadero motivo por el que David Lingafelter dibujó aquello, podemos suponer que no era para pasar desapercibido. Eso, al menos, no lo consiguió.

Más allá de que acabase detenido y de que los agentes descubrieran que en la bolsa, además del dinero y el teléfono móvil, también llevaba un cuchillo, lo que sí logró este improvisado mangante fue acabar entre rejas. Con una fianza de 10.000 dólares (9.110 euros) que, vista su destreza con los robos, seguramente no podrá pagar con lo conseguido en anteriores hurtos. Mejor que no lo siga intentado.

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Con información de NY Daily News, The Huffington Post y The Smoking Gun

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