Los increíbles requisitos que cumplen los bolígrafos del Gobierno estadounidense

Si cualquiera de los aquí presentes tuviera oportunidad de visitar la Casa Blanca, pasear por sus corredores con el presidente de los Estados Unidos, apreciar las mil y una obras que adornan las paredes de dicho edificio… Habría un detalle que pasaría totalmente desapercibido para la mayoría.

Si algún día eres un ‘afortunado’ y, ya sea por tu próximo viaje a la Luna o por ser capaz de deglutir 2.341 perritos calientes en menos de 3 minutos (o cualquier hazaña de este estilo), Barack Obama o alguno de sus sucesores te invita a su residencia en Washington, presta mucha atención a los bolígrafos que hay en la mesa presidencial y en cada una de las estancias del edificio.

Si bien en nuestro país solemos encontrar en la mesa de cualquier instancia de la administración los clásicos y legendarios bolis Bic, en Norteamérica la situación es bien distinta. Allí, hasta la más remota oficina perteneciente a la administración estatal, ya sea dentro o fuera del país, utiliza los bolígrafos que se encarga de fabricar la firma Skilcraft. No es fruto de la casualidad. Es más, todos ellos deben de estar diseñados y realizados siguiendo las directrices de una norma con más de 77 años de antigüedad.

La compañía que fue creada por el gobierno estadounidense en 1938 para dar empleo a las personas ciegas del país aún sigue respetando los estrictos requisitos para el ensamblado de estos bolígrafos, que han de superar unos severos controles que han evolucionado a lo largo de los años. No obstante, como apunta The Washington Post, hay un buen número que aún mantiene su vigencia. Los bolis deben de ser capaces de escribir de forma ininterrumpida durante un kilómetro y con temperaturas de hasta 160 grados Fahrenheit (más de 71 grados centígrados) y por debajo de los 40 grados Fahrenheit bajo cero (menos de -22ºC ).

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Y ahí no acaba todo. Las autoridades estadounidenses también dejaron constancia en el documento legal de que todo aquello que se escribiera usando la tinta que contenían sus cartuchos no podía borrarse por completo tras aplicar dos veces algún blanqueador químico. Otra de las características que aparecían reflejadas en la original Wagner-O’Day Act de 1938 es que deben mantener la presión del chorro de tinta a la hora de trazar una línea de, al menos, 5.000 pies de largo (es decir, 2 kilómetros).

En el diseño de este bolígrafo parece que nadie quiso dejar nada al azar, y en torno al mismo han surgido varias leyendas. Por ejemplo, hay quien apunta que su longitud equivale a 150 millas naúticas (a escala, claro) en los mapas de la Marina de Estados Unidos, porque así cualquier piloto podría utilizarlo para realizar mediciones en mitad de un apuro. También hay otros que señalan que tiene el diámetro justo para poder realizar una traqueotomía de emergencia.

En la fábrica de la Industria Nacional de Ciegos estadounidense, situada en Greensboro (Carolina del Norte), se fabrican cada año 4 millones de estos bolígrafos. Si bien es cierto que la producción se ha desplomado en los últimos años, este producto sigue siendo el que más ingresos genera a la firma Skilcraft, pues representa más de 5 millones de dólares de ventas al año. Tan solo el Servicio Postal de Estados Unidos reclama cada año un total de 700.000 de estos bolígrafos para sus cometidos diarios.

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Pero, pese a toda la historia que atesoran tras de si, estos bolis en los que podemos leer ‘Skilcraft – US Government’ tan solo cuestan 60 centavos. Como reconoce Richard Oliver, gerente de la compañía, “es la Coca-Cola de los bolígrafos y todo el mundo los reconoce”.

Ni los avances tecnológicos han conseguido dar al traste con la fascinación que sienten las autoridades estadounidenses por los bolígrafos. No obstante, hay una ceremonia de la que han sido desterrados los Skilcraft. Cuando el presidente estadounidense ha de ratificar con su firma una nueva ley estatal, las estilográficas que utiliza son fabricadas por la casa Cross.

En este caso, suelen estar diseñadas y fabricadas para cada ocasión, con el sello de la Casa Blanca estampado y la firma del inquilino que en ese momento ocupa el despacho oval. Toda esta parafernalia se debe a que es habitual que el mandatario utilice varias de estas plumas estilográficas que, a posteriori, se entregan a todas aquellas personas que trabajaron para hacer realidad esa nueva legislación.

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Con información de The Washington Post, AlbertMedran.com, Bontips y TigerPens.

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