¿Están intentando hacer pasar anos de cerdo por calamares a la romana?

brillante

Bocata de calamares, el alfa y el omega de la dieta popular madrileña.

Antes de que cunda el pánico desvelaremos la respuesta: NO. Bastante tienen los bares madrileños con el absentismo de su clientela y la voracidad recaudatoria del Ayuntamiento para que encima carguen con esta losa originada en una leyenda urbana y que, de extenderse, amenazaría el ya de por sí declinante segmento de los bocatas de calamares.

Algunos empresarios sin escrúpulos están vendiendo falsos calamares a la romana en establecimientos de los Estados Unidos, cuando en realidad se trata de anos de cochino. Ya sabemos que del cerdo se aprovecha todo (incluso los filtros de los cigarrillos llevan una dosis de sangre de cerdo), pero rebozar el orto del animal para colarlo en una ración de calamares excede con mucho la máxima anterior. La voz de alarma la dio el programa radiofónico This American Life, a partir del testimonio de un antiguo empleado de un matadero, que juraba y perjuraba que aquel era el destino final de esa indigna parte del chancho. En unas semanas, el rumor ha corrido por las redes, convirtiendo al humilde calamar a la romana en un manjar bajo sospecha en los establecimientos del ramo.

cerdo calamar

¿Tú entiendes de mar? ¿Esto es cerdo o calamar?

La insinuación del popular programa de radio ha levantado las iras del ramo del marisco en aquel país: “Es provocativo e irresponsable. No sabemos si reír o llorar”, afirma un preboste de la industria en Slate, que ha destapado el caso, en un intento -tal vez vano- de detener esta leyenda urbana. El autor del artículo, Daniel Engber, ha entrevistado a varios grupos ambientalistas y de consumidores para concluir que no existe un solo anillo anal porcino que sustente la conspiración de los falsos calamares.

Pero no será fácil detener la infundada sospecha. Como decía Goebbels, “difama, que algo queda”. Por si fuera poco, la opacidad del sector alimentario en EEUU (y en el resto del mundo) provee un caldo de cultivo ideal para que los consumidores tomen por auténticos rumores de esta jaez, no importa cuán improbables o necios resulten, afirma el autor. Como todo el mundo sabe, KFC cambió su nombre porque ya no utilizaba pollos/chickens en sus fritangas, en tanto los engendros avícolas que utiliza para sus tajadas han perdido cualquier rasgo del pollo original, de modo que ya no podrían ser considerados como tales utilizando los criterios taxonómicos de Linneo.

Podemos estar tranquilos, pues.

Visto en Slate a partir de información de This American Life y Strambotic.