A Dios rogando y con el mazo dando: se marcha sin pagar un tatuaje con el rostro de Jesucristo

Si nos topamos por la calle con un tipo bien vestido, aseado y con un depurado don de palabra que nos saluda amablemente, posiblemente pensemos que es una buena persona. Luego, cuando sepamos que es político en plena campaña electoral, cambiará nuestro concepto de él. Cosas de las apriencias.

Si en lugar de un traje perfectamente planchado, nos encontramos con un tipo que luce en su brazo un tatuaje de Jesucristo, tenderemos a pensar que su fe cristiana no conoce límites. Pero esta concepción cambiará cuando sepamos que acaba de salir de la tienda de tatuajes sin haber pagado y, además, después de haber robado a los dueños.

Esto mismo ha ocurrido en la ciudad de Luton, situada al sur de Inglaterra. Allí, un tipo que parecía un buen cristiano acudió hace algunas semanas a la tienda RedIN de tatuajes porque estaba interesado en grabar en su piel la figura de Jesús de Nazaret. Los dueños no vieron nada extraño. Es más, tatuarse algo así suele significar que se profesa una fe desmedida al personaje y a lo que representa. Lo vieron con buenos ojos y no encontraron el más mínimo inconveniente para ponerse manos a la obra.

Poco después, en aquella primera cita, levantó ciertas suspicacias. No parecía trigo limpio. Para empezar, regateó para que le rebajasen el precio del tatuaje de 420 libras (575 euros) a 250 libras (algo más de 340 euros). Los propietarios del negocio y el tatuador aceptaron, no sabemos si por que el sobrecoste era desmedido o porque el tipo les cayó bien (aunque parece más probable lo primero).

Seguramente, empezaron a caer en la cuenta de lo equivocados que estaban cuando el buen samaritano se presentó de nuevo en la tienda para pedirles que de los 250 libras que había pagado por el tatuaje, le devolviesen 200 porque tenía que pagar un coche. Más de uno y más de dos ya hubieran reculado – el asunto olía a chamusquina -, pero los dueños de RedIN, al parecer, eran mejores personas que el tipo que a no mucho tardar demostraría que no conoce el octavo mandamiento bíblico. Aquel que decía “no robarás”.

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Se presentó de nuevo en la tienda el día acordado con el tatuador. Acudió acompañado de quien aseguraba ser su esposa, porque dudaba si poner su nombre y el de su hija en el nuevo tatuaje de Jesucristo o en otro que ya tenía de antaño en el brazo derecho. La mujer se marchó cuando este asunto quedó aclarado y dejó a su esposo a solas con el tatuador en la tienda. Después de cinco horas de trabajo, el artista dio por finalizada la labor.

Preguntó al cliente si ya había pagado lo que debía y este, con el tatuaje de Jesucristo en su brazo, le dijo que sí. Para confirmarlo, el tatuador abandonó un momento la sala y fue a llamar a un compañero. Cuando volvió, ya no había nadie en la sala. Como se observa en las imágenes que captaron las cámaras de seguridad, nada más ver cómo el tatuador se alejaba, el cliente decidió que allí ya no pintaba nada.

Antes de marcharse, eso sí, decidió que, más allá de no pagar, se iría a casa con los bolsillo llenos. Con total tranquilidad, camino hasta la parte posterior del mostrador, abrió un pequeño armario y cogió las 1.000 libras (1.370 euros) que allí se escondían. Eso fue lo último que hizo antes de salir de la tienda.

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La propietaria de RedINC, Joanne Baum, no daba crédito a lo que había sucedido. “Él planeó robarnos y planificó completamente no pagar por el tatuaje. Tener a alguien sentado allí durante seis horas hablando de su vida íntima y luego hacer esto es increíble. Él estaba allí charlando acerca de su esposa e hija, es inaceptable”.

Ahora, la Policía trata de dar con este ‘buen samaritano’. Cuando le detengan, deberían explicarle aquello de “no robaras”, aunque es probable que le importe poco ese sermón. Es más, puede que tampoco le importe si lo llevan a chirona. Como pone en el tatuaje que tenía grabado en su brazo derecho: “Solo Dios puede juzgarme”.

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Con información de Luton News y Mirror

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