Los chistes que lo petaban en tiempos de Jesucristo

Los chistes no los inventaron Eugenio o Arévalo. Llevan años y años contándose, pasando de generación en generación. Hay incluso libros que recopilan gracietas de la antigua Grecia. Es el caso del Philogelos (‘el amante de la risa’), la antología de chistes más antigua de la que se tiene noticia, realizada en torno al siglo IV o V d.C.

Si los comparamos con los chistes que se cuentan en el siglo XXI, llama la atención que no había chistes de gangosos. El Philogelos incluye entre sus categorías golpes a los intelectuales o protagonizados por gente grosera. Y sí, respondemos a lo que os estáis preguntando: algunos de ellos siguen siendo divertidos hoy en día. En 2008, el cómico británico Jim Bowe contó algunos en un espectáculo de ‘stand-up comedy’, con resultados diversos.

Intelectuales

Sí, los sabios ya daban juego antes de ‘Saber y ganar’. Aunque su sapiencia parecía más bien un ejemplo de picaresca:

Un intelectual que había enfermado prometió pagar al doctor si se recuperaba. Cuando su esposa le insistía para que bebiera vino mientras tenía fiebre, le dijo: “¿Quieres que me ponga bueno y me vea obligado a pagar al doctor?”

Y tan listos eran que no les importa replicar a sus progenitores:

Un intelectual estaba tomando la cena con su madre. En la mesa había una gran lechuga con muchos brotes suculentos. El intelectual propuso: “Padre, tú te comes a los niños; yo me llevaré a la madre”.

Sin embargo, en ocasiones parecía que a los intelectuales les faltaba un hervor:

Un intelectual que visitaba su casa de campo preguntó si el agua de un pozo era buena para beber. Le dijeron que era buena y que sus propios padres solían beber del pozo. El intelectual se mostró sorprendido: “¡Cuán largos eran sus cuellos, que podían beber de algo tan profundo!”

Las hernias y el mal aliento

¿Sabes algún chiste protagonizado por hernias? ¡En la Antigüedad los había! En el Philogelos hay unos cuantos, como este:

Un bromista viajó al extranjero; allí, desarrolló una hernia. De regreso a casa, le preguntaron si había traído algún regalo. “Nada para vosotros, solo un reposacabezas para mis muslos”.

Incluso, el mal aliento protagonizaba más de un chiste:

Un hombre con mal aliento que besaba a su esposa repetidamente le dijo: “Mi señora, mi Hera, mi Afrodita”. Y ella le respondió, dándose la vuelta: “Mi… ¡Oh, Zeus, un ozeus [palabra griega que significa ‘persona con mal aliento’]!”

Un hombre con mal aliento le pregunta a su esposa: “Señora, ¿por qué me odiáis? Y ella le contesta: “Porque me amas”.

Un joven actor era cortejado por dos mujeres, una con mal aliento y otra con axilas pestilentes. La primera le dijo: “Dame un beso, maestro”. Y la segunda: “Dame un abrazo, maestro”. Pero él recitó: “Ay, ¿qué hago? ¡Estoy dividido entre dos males!”.

Griegos riendo

Griegos riendo

Mujeres que quieren sexo

El Philogelos incluye chistes misóginos, aberrantes, pero también otros en que la mujer muestra sin pelos en la lengua su libertad sexual:

Un joven dijo a su esposa, que estaba dominada por su libido: “¿Qué hacemos, querida? ¿Comer o tener sexo?” Y ella le respondió: “Elige, pero no hay ni una miga en la casa”.

Un joven invitó a su casa a unas viejas mujeres juguetonas. Le dijo a sus criados: “Preparad una bebida para una y tened sexo con la otra, si ella quiere”. Las mujeres hablaron a la vez: “No tengo sed”.

Los de Lepe de la Antigua Grecia

Los abderitas, en la Tracia de la antigua Grecia, eran los leperos de los primeros siglos de nuestra era. Tratados como idiotas, eran flanco de todo tipo de bromas:

Un abderita vio a un eunuco hablando con una mujer y le preguntó si era su esposa. Cuando le contestó que los eunucos no podía tener esposas, el abderita le preguntó: “¿Entonces es tu mujer?”.

Un abderita vio a un eunuco y le preguntó cuántos hijos tenía. Cuando el chico le dijo que no tenía testículos, y por lo tanto no podía tener hijos, el abderita le preguntó: “¿Cuándo vas a tener pelotas?”.

Miscelánea

Por profesiones, chistes cortos como sentencia… El Philogelos incluye chistes para todos los gustos:

Un hombre avaro que escribió su testamento se hizo su propio heredero.

Un estudiante ingenioso, que no tenía forma de pagar sus deudas, vendió sus libros. Cuando le escribió a su padre, le dijo: “Felicítame, padre, ya estoy viviendo de mis libros”.

Un profesor preguntaba dónde debería construir su sepulcro. Cuando algunas personas dijeron que se vería bien en cierto lugar, respondió: “Pero esa región es poco saludable”.

Los romanos también se divertían

Sería injusto hablar solo del Philogelos y no incluir algunos de los chistes de sus amigos los romanos. Los había políticamente incorrectos, sobre tuertos…:

-Quintus está enamorado de Thais.
-¿Qué Thais?
-Thais la tuerta.
-Thais no tendrá un ojo, pero él habrá perdido los dos.

… o, de nuevo, personas que no despiden olor a rosas:

-Estás asombrado de que la oreja de Marius huela mal.
-Y tú eres el culpable, Néstor: susurraste en su oreja.

Estos chistes se los debemos a Marcial, en cuyos epigramas (composiciones breves satíricas) elogió a los gladiadores pero también demostró ser una persona con sentido del humor. ¿Qué te parece cómo se divertía esta gente?

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Con información de Diotima, Curculio y Compendopedia. Imágenes de Spyros Papaspyropoulos y David Baxendale

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