El afortunado electricista que recuperó su cartera 65 años después

Somos despistados por naturaleza. A menudo olvidamos dónde hemos dejado las llaves, el móvil o la cartera. El día menos pensado perdemos la cabeza… Pese al tremendo disgusto que nos provoca, hacemos poco o nada para enmedar la situación. Tiene su parte positiva. ¿Y la alegría de encontrar aquello que dábamos totalmente por perdido? Que se lo digan Edward Parker.

La vida le ha sorprendido con un genial golpe de suerte. A sus noventa años, este británico ha recuperado su cartera 65 años después de perderla en el Palacio de Lambeth, en Londres.

La historia de la cartera perdida comienza en 1950, cuando Parker, de profesión electricista, se hallaba reparando los daños que las bombas de la Segunda Guerra Mundial habían producido en la biblioteca del castillo. Enfrascado en la tarea, el británico no se dio cuenta de que su cartera se había caído detrás de una de las estanterías.

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Allí permaneció 65 años hasta que, de nuevo, unas obras de restauración hicieron que volviera a ver la luz. Gracias a la documentación que Parker guardaba en el viejo billetero, el albañil que lo encontró pudo mandárselo a su dueño, quien, a pesar de su avanzada edad y su frágil salud, se alegró de recuperar una cartera que, obviamente, daba por perdida.

Como señala su mujer, lo que más apenó al electricista en 1950, más allá de perder el dinero, fue pensar que no recuperaría las fotos que había dentro. “Uno de sus compañeros le dijo: ‘¿Qué has perdido Ed?’; y él contesto: ‘No importa lo que haya perdido, el dinero no me preocupa, sino los recuerdos‘”.

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Entre esos recuerdos se encontraba una foto de su padre y su madre, un retrato de sus primos y una imagen de él con su mujer tomada el día en que ella le anunció que estaba embarazada de su primer hijo. El tiempo también ha conservado en el interior de la cartera los resultados de una radiografía torácica de 1948, su tarjeta del seguro sanitario, varias facturas y recetas y las tarjetas de presentación de Parker.

Otros reencuentros mágicos

Parker no ha sido el único afortunado a la hora de encontrar un objeto extraviado años antes. Jesse Mattos, un antiguo carnicero estadounidense, perdió, a la tierna edad de 18 años, el anillo que se había comprado tras graduarse en el instituto de Dunsmuir (California).

El joven carnicero llevaba las manos pringadas de grasa y, en uno de sus viajes al baño, un descuido hizo que el anillo se cayera por el retrete. Mattos no volvió a ver su joya hasta 72 años después, gracias a Tony Congi, un trabajador que la encontró a 320 kilómetros de profundidad en una de las alcantarillas de la pequeña localidad estadounidense.

La suerte quiso que Congi, que estudió en el mismo instituto, buscara las iniciales grabadas en el anillo – JSM – en el anuario del centro. Un par de búsquedas en las páginas blancas fueron suficientes para dar con el lugar en que vivía el anciano.

cartera_8Recuperar objetos perdidos más de cincuenta años después también fue posible en el caso de Ted Mogil, un antiguo soldado del ejército estadounidense que en una de sus mudanzas perdió el amuleto que llevó consigo durante la guerra del Pacífico: un pequeño libro de oraciones judías.

Mogil y su mujer siempre han pensado que perdieron el cuaderno tras marcharse de Nebraska, su primera residencia, allá por 1948. Unos 67 años más tarde, un niño de doce años llamado Will Beach descubrió el amuleto del antiguo soldado en una feria de libros judíos de Harlan, en el estado de Iowa. Nada más ver el nombre de Mogil en la primera página, el pequeño quiso devolvérselo a su legítimo dueño. Un par de alegrías que, a pesar de llegar tarde, llegaron.

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Con información de BBC, 20 Minutos, 9 News, y MI-Reporter

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