Siete actrices que le ponían palote a Hitler

Olga Chejova con Hitler

A Hitler le encantaba el cine. Tenía salas de proyección en varios de los edificios en los que trabajaba o hacia vida social, le encantaban el ratón Mickey, Blancanieves y los siete enanitos y los musicales con bailarinas ligeras de ropa.  Estaba loquito por algunas divas de la gran pantalla que no solo no compartían sus sentimientos, sino que además quisieron matarle.

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Marlene Dietrich

La película de Josef von Stenberg El Ángel Azul (en la que Marlene Dietrich castraba con su erotismo exuberante a un petimetre profesor) estaba prohibida en Alemania. Sin embargo Hitler conservaba una copia del film en su colección privada, que al parecer se hizo proyectar en privado varias veces.

Tanta era la devoción de Herr Adolfo que la Dietrich, ferviente antinazi planeó asesinar a Adolf  Hitler en un encuentro a solas, según revelaría su biógrafa inglesa Charlotte Chandler. Según esta, la actriz alemana le confesó a su maromo, Douglas Fairbanks Junior, que aceptaría realizar una película en Alemania, con la sola condición de poder estar a solas con el Führer y así darle matarile. La diva estaba segura de que conseguiría seducir a Hitler, desnudarse ante él en caso que fuera necesario y pincharlo con una hebilla de pelo envenenada.

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Greta Garbo

La gran actriz sueca comentó a algunos de sus amigos que en una ocasión recibió una halagadora misiva del dictador alemán en la que este se declaraba como ferviente admirador suyo. Goebbels, el ministro de propaganda nazi,  anotó en su diario que cuando el líder nazi veía una película de la actriz sueca se sentía “tan emocionado que algunas veces se deshacía en lágrimas”. Hitler consideraba La Dama de las Camelias una de sus películas favoritas y se hizo con una copia que había sido retenida por aduaneros alemanes, para su colección personal.

El sentimiento no era mutuo. La escandinava fantaseó una vez con su amigo Sam Greene que viajaría a Alemania para persuadir a Hitler de que se rindiese. Y que si se negaba, le dispararía.

Olga Chejova

Olga Chejova

Olga Chejova, actriz rusa y ex mujer del sobrino del famoso autor Anton Chejov, se convirtió en una estrella del cine alemán a partir de interpretar El castillo encantado (1921) de Murnau.  Hitler la admiraba desde que viera Brennende Grenze en 1926 y apreciaba sobre todo su “sofisticación cosmopolita”. El Führer sin embargo se comportó como un pagafantas cualquiera cuando en 1937, durante una cena compuesta por cangrejo con espárragos y mayonesa, consomé, ganso joven con patatas, fruta y queso,  la Chejova le tiró los tejos a Hitler.

Hizo bien el ex cabo austríaco en hacerle la cobra a la rusa. Era una espía durmiente soviética que había sido reclutada por su hermano Lev Knipper, agente del temido OGPU-NKVD y llegó a encontrarse, años después, implicada en un complot para asesinarle, que evidentemente fue cancelado antes de su ejecución.

Zara Leander

Zarah Leander

Otra actriz de procedencia extranjera cuya estrella brillaba en las pantallas alemanas era la sueca Zarah Leander, célebre por cantar con una voz baja y ronca. Hitler estaba fascinado por ella y cuando convencía a su perra Blondi para cantar frente a su círculo más íntimo de colaboradores en el Bergof, indicaba al animal “¡Canta en un tono más bajo, Blondi, como Zarah Leander”. El animal obedecía y aullaba como un lobo.  Leader, además de diva cinematográfica en la Alemania nazi, coincidía con Olga Chejova en su colaboración con los servicios secretos soviéticos. La sueca era agente del NKVD y su nombre clave Rose-Marie.

Imperio Argentina

Imperio Argentina

La diva de la canción española Imperio Argentina, recibió en la isla caribeña de Cuba una invitación del gobierno del III Reich. . En la misiva, Joseph Goebbels invitaba a la intérprete a trabajar en Alemania. Al aceptar la oferta, la actriz recibió unos pasajes de primera clase para el Bremen, que partía de  Nueva York con destino a Alemania. A su llegada, el Ministro de Propaganda se reunió con la actriz y su marido Florián Rey e intentó convencer a esta de que interpretara el papel de Lola Montes (amante del rey Luis I de Baviera) situando la acción en la Alemania nazi para explotar lo mejor posible la importante influencia política que se podía obtener del personaje. Los dos españolitos se negaron a realizar el rodaje bajo tales condiciones. Para conseguir su objetivo, Goebbels organizó un encuentro entre Hitler e Imperio Argentina. Ella aceptó con una condición: que le acompañase su marido, para no quedarse a solas con él. Aceptada tal exigencia, se les llevó al Reichstag, donde el Führer manifestó a la actriz su admiración por su trabajo.

Me halagó diciéndome que mi físico era igual al de Lola Montes, a quien admiraba debido a su rebeldía. Me comentó lo mucho que le gustaba mi trabajo como actriz y me confesó abiertamente que había quedado prendado de mi voz y mi sonrisa. Entre mis películas tenía preferencia por Nobleza Baturra, que había visto varias veces, y que era donde había descubierto ese parecido con Lola Montes. (…) También tuvo cálidas palabras hacia España, un país que no conocía pero que decía querer, puesto que las montañas aragonesas que veía en las películas le recordaban a las de Baviera. Además aseguró que le gustaba la música española, así como el idioma español, cuya sonoridad le agradaba tanto como la del francés; así como ejemplo contrario puso el caso holandés, que al escucharlo le parecía que oía ladridos.”

Al final no hubo acuerdo, pero de esta reunión surgiría la coproducción Carmen la de Triana, que se rodaría al año siguiente entre Alemania y España.

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Marika Rökk  

Recientemente el nombre de otra actriz del gusto de Hitler, surgió merced a una entrevista que el diario austríaco Salzburger Nachrichten realizó a la nonagenaria Elisabeth Kalhammer, antigua sirvienta en la residencia oficial de los Alpes Bávaros, el ya mencionado Berghof.  La antigua trabajadora del Führer declaró en esta entrevista que  Hitler “Estaba totalmente hechizado por Marika Rökk».  La actriz era una belleza austro-germana de origen húngaro nacida en El Cairo y ex bailarina del Moulin Rouge que protagonizó en 1941 la primera película en color del cine alemán: Frauen sind doch bessere Diplomaten (Las mujeres son mejores diplomáticos). En sus Memorias, escritas en 1947, relataba las circunstancias en las que conoció a Hitler. Él la llamó afectuosamente, la “pequeña húngara capaz de hacer cualquier cosa en el cine” y la besó en la mano.

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Renate Müller

Actriz y cantante muy popular en la Alemania de los años treinta, actuó en unas veinticinco películas antes deque el régimen nazi comenzara a usarla en películas de propaganda como Togger (1937) de Jürgen von Alten, al considerarla el prototipo de mujer aria. Müller rehusó participar en más films de propaganda.

Un buen día Goebbels, mamporrero personal de Hitler, la invitó a pasar unos días en el refugio del caudillo en at Berchtesgaden. En un momento de paseo por el chalecito de Führer, este consiguió quedarse a solas con la Müller. De pronto, tras lanzarle alguna miradita cómplice, él puso el brazo erecto en saludo nazi y dijo:

“Puedo mantener mi brazo así durante dos horas. Nunca me canso cuando mis tropas de asalto y mis soldados desfilan ante mí mientras saludo de pie. Nunca me muevo. Mi brazo es de granito. Pero Goering no aguanta. Él tiene que bajar la mano en cosa de media hora. Eso significa que soy cuatro veces más fuerte que él. Él está hecho un blandengue. Yo estoy duro”.

Tras la curiosa metáfora, Hitler se dio la vuelta y salió de la habitación. Renata flipaba en colores pero, claro, no estaba la cosa como para salir corriendo de allí. El último día de estancia, Hitler la invitó a verse en una de sus películas en la pantalla de la sala privada de proyecciones. Solo estaba ella, él y el proyeccionista. Luego hicieron manitas.

Durante semanas él le mandó flores, diamantes, y lujosas pieles. Los cines recibieron la orden de programar ciclos sobre las primeras intervenciones actorales de Renate.

.Hitler hizo que la Müller le visitase en la cancillería e hizo lo propioacudiendo al piso de esta en Berlín. La segunda vez, el líder nazi dejó a la actriz a las cuatro de la mañana.

Sin embargo, ella pasaba olímpicamente de Hitler y para más inri mantenía una fogosa relación con un judío, con el que se pegó un homenaje de un mes en París. Los tortolitos a no sabía que la Gestapo les seguía y fotografiaba. Luego le pasaron todo el material a Hitler, que ordenó que la Müller fuese llevaba a su presencia nada más volver al Reich. Así se hizo. Hitler le pegó una bronca del quince, la llamó puta, berreo y lloró ante ella (“lloró como una mujer histérica“) y la hizo prometer que nunca más volvería a ver al judío.

Al poco, Renate partió hacia Monaco, donde la esperaba su amante semita con los brazos abiertos y los pantalones por los tobillos. La noche de su retorno a Berlín, la actriz se lanzó al vacío desde la ventana de un edificio de tres plantas de altura.  Nunca quedó claro si se suicidó… o la suicidaron.

Para saber más: Hitler en el Cine’, de Jaime Noguera.

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