No llame al Sr. Quitanieves: un chupito de vodka es lo mejor para limpiar las carreteras

En España hemos tenido nuestras crisis a cuenta de la nieve y sus efectos en el tráfico, claro que sí. Nos acordamos, por ejemplo, de la cantidad de horas que permanecieron atrapados miles de conductores en la carretera de La Coruña (en Madrid), en el invierno de 2011. Pero lo que sucede en la piel de toro con las nevadas no se puede comparar, ni de lejos, con la situación que se vive en algunos lugares de los Estados Unidos.

¿Recuerdas el capítulo de Los Simpson en el que Homer se convierte en el Sr. Quitanieves. Pues así es la vida de los norteamericanos cuando el frío asoma. Las máquinas que se encargan de retirar la nieve tienen que trabajar calle por calle, casa por casa, para que los niños puedan ir al colegio y sus padres al trabajo.

Por supuesto, no es ningún drama. Los estadounidenses están más acostumbrados a la nieve que los seguratas de Génova al pequeño Nicolás. Pasa el quitanieves, echamos sal sobre las carreteras y arreando. Tan habituados están que han olvidado lo perjudicial que puede ser el cloruro sódico para el asfalto y para el medio ambiente.

Menos mal que un grupo de investigadores de la Universidad del Estado de Washington (WSU), comandados por el aguerrido profesor Xianming Shi, han emprendido una cruzada contra la sal y los productos químicos enarbolando la bandera de la ecología.

“En 2013, la EPA encontró niveles alarmantes de sodio y cloruro en las aguas subterráneas” de las que provienen el líquido elemento que sale por los grifos de las casas. “Una vez que la sal excede el límite legal, los riesgos para la salud se incrementan y no la puedes usar para beber”, afirma el profesor.

Por eso Shi y sus colegas están usando los residuos de cebada de las destilerías de vodka para elaborar un tipo de anticongelante que respeta el medio ambiente y es mucho más divertido: un chupito del brebaje ruso y no hace falta cubrir de sal las ya maltrechas autopistas.

“Se habla mucho de los anticongelantes de remolacha y zumo de tomate, que se supone que son menos corrosivos para los vehículos, los guardarrailes y el pavimento de hormigón”, afirma el experto. “Ayudan, pero todavía hay mucho margen de mejora”. Y ahí están ellos, limpiando las carreteras a lingotazos.

Además, la idea de este profesor ecologista puede contribuir de forma decisiva a solventar un problema económico de primera magnitud que acecha a la potencia mundial cuando el invierno asoma. La nación norteamericana se gasta cada año 2.300 millones en retirar la nieve de las autopistas y otros 5.000 en los costes ocultos que conlleva el proceso. Y eso sin tener en cuenta el mantenimiento de las carreteras, según el profesor Shi.

Los precios de esta sustancia se han triplicado a lo largo de 2014, ante la expectativa de un invierno tan duro para los Estados Unidos como lo fue el pasado. Y es que la sal es un bien más escaso y valioso de lo que pensamos, a pesar de que los alimentos ya no se conservan en salazón y de que hemos disminuido notablemente la presencia de esta roca – la única comestible para el ser humano – en nuestra alimentación (desde que sabemos que aumenta el riesgo de padecer ciertas enfermedades).

Con información de Time y Eurekalert

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