Los osos yonquis que esnifan combustible hasta caer desmayados

El reino animal no deja de sorprendernos. Cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo y que esos entrañables seres que comparten con nosotros el mundo no tenían más que mostrarnos, siempre aparece alguno para dejarnos boquiabiertos. Además, lo más curioso es que, por alguna extraña razón, suelen cometer un error garrafal al imitar actos de los que los humanos no podemos sentirnos nada orgullosos.

Porque si bien la mayoría de nosotros hace tiempo comprendió que aquello de esnifar sustancias psicotrópicas no es nada positivo para nuestra salud, los osos rusos aún no se han percatado de ello. De hecho, han descubierto que, más allá de otras drogas pergeñadas por la malévola mente humana, la gasolina de los helicópteros que, de cuando en cuando, les visitan en la Reserva Natural de Kronotsky, es suficiente para viajar hasta el nirvana.

De tal hecho se percató el fotógrafo ruso Igor Shpilenok que, tras pasar varios meses observando a estos osos pardos, se percató de que, cuando un helicóptero sobrevolaba, los animales se acercaban y, después de que la aeronave despegase, buscaban el rastro del combustible. Cuando daban con algunas gotas de queroseno o gasoil, aspiraban profundamente para, acto seguido, hacer un pequeño hoyo y se tumbarse en él, completamente groguis.

Si los perros saben imitar a la perfección el gesto de sus dueños después de haber hecho una trastada, los osos han ido mucho más allá a la hora de emular a los animales, supuestamente, más inteligentes que pululan por la Tierra: nosotros, los humanos. Estos yonquis de la naturaleza sienten verdadera pasión por el combustible que utilizan los trabajadores de la zona para los generadores de energía y para los helicópteros que les permiten acceder a esta zona.

Tanto es así que, según cuenta Igor Shpilenok, estos apacibles animales esperaban impacientes la marcha de la aeronave para acudir raudos a la zona y esnifar los restos del combustible. En otra ocasión, ni siquiera aguardaron que los trabajadores acabasen de descargar los bidones para ir a por ello y ponerse hasta las trancas. Como es obvio, los operarios no pudieron por menos que dejar que los osos hicieran y deshicieran a su antojo. Y es que en la reserva natural de Kronotsky se calcula que hay 700 osos pardos. Como para meterse con ellos…

Hola, soy el oso Vladimir y tengo un problema”

Aunque resulte extraño, estos osos no son los únicos que, de cuando en cuando, dan un garbeo por el nirvana. La ciencia ha detectado que otros cuantos animales también tienen costumbre de tomar distintas sustancias para perderse en realidades paralelas. Es el caso de los canguros australianos, a los que alguien cazó comiendo amapolas de opio. Después, bajo los efectos de esta droga, conseguían saltar bien alto. Salta, canguro, ¡salta!

Los jaguares del Amazonas también son adictos, en este caso, a las raíces de caapi. Tras ahuyentar a los monos que merodean la zona y quedarse a solas, estos temibles animales comen de esta planta y entran en trance. He aquí la prueba:

Y ahí no acaba todo. Los caballos son tan sofisticados a este respecto que incluso tienen para elegir. Mientras unos se decantan por lamer sapos – como Homer Simpson durante su periplo como misionero –, otros se decantan por la ‘loco locaweed’ (la hierba loca de amor) para experimentar nuevas sensaciones. Al tiempo que entre nosotros cada vez somos más concientes de los riesgos que entraña el consumo de cierto tipo de sustancias, en el reino animal parece ser la moda.

Al final resulta que el ser humano sí va a ser el animal más inteligente de este planeta…

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Con información de The Mortem Post, Wildlife Photo Rusia, The Daily Mail y IBTimes

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