El hombre de 207 kilos que sobrevivió 1 año y 17 días sin comer absolutamente nada

Ahora que tenemos al alcance de nuestra mano todo tipo de herramientas para desubrir lo chalada que puede llegar a estar la raza humana, son infinitas las ideas descabelladas con las que nos topamos cada día en internet. Este blog da buena cuenta de ellas. Nuestra capacidad de asombro disminuye a marchas forzadas, así que los intrépidos bufones del siglo XXI han de poner toda la carne en el asador para sorprender, como sea, a un público cada vez más exigente.

Sin embargo, en 1973, cuando ni siquiera existía YouTube como concepto, ni las redes sociales, la situación era distinta. Entonces, ante la imposibilidad de filmar vídeos amateur para demostrar lo absurdo que es el ser humano, hubo quien dio cuenta de sus experimentos a través de ‘papers’ e investigaciones científicas.

¿Mucho más aburrido? No cabe la menor duda. Porque si ahora una persona con 207 kilos de peso decidiera ponerse al servicio de la ciencia para adelgazar de la forma más bestia y no filmase un vídeo con ello, estaría privando a los ciudadanos del mundo de algo extradordinario con lo que, además, podría ganar un buen dinero. Pero en 1973, cuando un joven de 27 años se puso en manos de los investigadores del Departamento de Medicina de la Universidad de Dundee, en Escocia, los medios no estaban tan a mano para convertirse en un auténtico ‘youtuber’ mientras perseguía con ahínco su próposito de bajar de peso de forma radical.

El osado A.B. – como se nombra al protagonista de esta hazaña en el estudio – se presentó a los investigadores con un objetivo claro: alcanzar su peso ideal lo antes posible. Por aquel entonces, había quedado demostrado que, a la hora de perder peso, los periodos cortos de ayuno podrían ser beneficiosos siempre que no superasen los 40 días sin probar bocado. Una vez que se rebasase ese límite, el riesgo era mayor. No obstante, cuando los investigadores de Dundee comenzaron a trabajar con A.B. y comprobaron con incredulidad lo que era capaz de soportar, decidieron ir un paso más allá.

El paciente estuvo sin llevarse nada a la boca durante 382 días; es decir, un año y 17 días sin comer absolutamente nada. Supervisado en todo momento, eso sí, por los investigadores. Debía pasar un reconocimiento médico de forma habitual: análisis de sangre, de orina y todo tipo de cuidados para que el experimento no acabase en tragedia. En el tramo final, los médicos le dieron suplementos de potasio y sodio. Pero nada más.

Porque sí, por increíble y descabellado que parezca, todo salió a pedir de boca. El valiente A.B. consiguió perder 125 kilos para quedarse en 82. Lo que no pudieron evitar es que se produjeran situaciones llamativas, como que el paciente no acudiera al baño a hacer aguas mayores ni diaria ni semanalmente. Es más, entre una y otra visita al inodoro podían llegar a pasar entre 37 y 48 días.

Sin duda, una lástima que por aquel entonces no estuvieran tan extendidos como hoy en día los ‘smartphones’, con los que el propio paciente hubiera podido grabar tal hazaña para la posteridad. Por suerte, eso sí, por aquel entonces ya existía el Premio Guiness de los Récords que, como no podía ser de otra forma, incluyó esta hazaña en su historial.

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Con información de DiabeticNotes, National Center for Biotechnology Information y Postgraduate Medical Journal

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