Tatuajes con erratas lamentables que hacen que Paquirrín parezca culto

Cuando el hijo de la Pantoja, ahora afamado DJ, publicó en Twitter una foto de su tatuaje trufado de faltas de ortografía, subió el pan y casi se dispara la prima de riesgo. La sonrisilla inicial mutó en carcajada, burla e insulto a partes iguales. “¡Cuánta ignorancia!”, clamaron los habitantes de las redes. Hasta que Kiko Rivera, alias Paquirrín, se cabreó y cargó contra el gentío:

Lo que no sabíamos entonces es que el ilustre retoño de la folclórica, aun con sus defectos, estaba muy por encima de la media del mundo del tatuaje en lo que a ortografía se refiere. Valga como muestra esta impagable selección de patadas al diccionario propinadas por los tatuadores y sus clientes sin graduado escolar.

Lo de estos tres sujetos, por ejemplo, es de juzgado de guardia (nunca mejor dicho).

Menudo chasco se tuvieron que llevar estos chavales cuando la gente se mofó de sus chulísimos ‘tatoos’, fruto de una infancia con más visitas a los recreativos que a la escuela. Realmente ‘depremente’. Por suerte, la bebida siempre está ahí para darnos consuelo…

Seguramente estos muchachos tuvieron una infancia muy dura, en barrios marginales y rodeados de malas compañías que los arrastraron por el sendero de la aberración ortográfica. No es excusa. Amigo, está claro que “la vida no es fásil” (sic.), pero los cuadernillos Rubio sí lo son y tampoco les dedicaste mucho tiempo.

A la vista de los precedentes, hacerse un tatuaje es un deporte de riesgo, y no precisamente por el dolor. La próxima vez que se te ocurra la feliz idea de utilizar tu cuerpo a modo de lienzo, asegúrate de dar dos pasos previos: 1) consultar a tu amigo el filólogo, y 2) pedir a la Virgen que todo salga bien. Te va a hacer falta.

La intercesion divina, no obstante, no es la panacea. A veces con la divinidad de por medio también se masca la tragedia. Coleguita, menos mal que estabas “vendecido” (sic.)

Para tragedias las de esta compañera del metal y este inveterado del teatro clásico, que fallaron cual novatos en lo más sencillo.

Y llegamos así hasta un tatuaje de esos que se te clavan para siempre en la memoria. Una inscripción sencillamente ‘inolbidable’.

Por algo decían nuestros mayores que las prisas no son buenas consejeras. Vísteme despacio… y tatúame a fuego lento. Para evitar que me suceda lo que a este joven, que grabó algo así como “mu’ joven para morir, mu’ rápido para vivir” en su brazo. Con tinta imborrable.

A nosotros con tanta pifia se nos han quitado las ganas de tatuarnos, e incluso de reírnos del pobre Paquirrín. Pero, tranquilos, seguro que pronto estaremos recuperados de este ‘shock’ y encontraremos otra forma de pasar el rato.

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Imágenes vistas en Peru.com, Taringa, Antena 3, Panamericana y Odee. Las que tienen marca de agua ya sabéis de dónde vienen.

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