Dientes, dientes, que es lo que les jode: así enseña China a sus ciudadanos a sonreír a los turistas

A menudo nos cuesta sonreir. Es algo que pasa, sobre todo cuando tienes un mal día. No quiere esto decir que nos hayamos convertido en clones de Sheldon Cooper y que la apatía hacia nuestros semejantes nos haya hecho olvidar cómo se ejecuta esta saludable mueca. En este aspecto podemos estar tranquilos: esto no va con nuestro carácter mediterráneo. La inmensa mayoría de nosotros somos más de partirnos el pecho con el chiste más infame de Jaimitio Borromeo (que de esos tenía unos cuantos…)

No obstante, en otras culturas, es un problema de lo más común. Si un chino te desafía a hacer algo “en un abrir y cerrar de ojos”, puedes dar la apuesta por perdida a no ser que tú le retes, a cambio, con esbozar una sonrisa. En serio. Por descabellado que parezca, tienes la partida ganada. Con total seguridad y confianza. Apuesta alto, que este lance lo tienes ganado.

Pero hazlo cuanto antes, porque las cosas están cambiando. Conscientes de lo mucho que se puede lograr con una simple sonrisa, las autoridades chinas se han puesto manos a la obra para cambiar los serios rostros de sus ciudadanos y hacerlos más amigables.

Muchos tirarán de tópicos y pensarán: “Cómo van a sonreir, si no paran de trabajar”. Y lo cierto es que razón no les falta. Porque en China otra cosa no, pero trabajar se trabaja, y mucho. Aunque, claro, si están de cara al público, ya sea un turista u otro ciudadano del país, siempre es mejor acompañar ese servicio con la mejor de sus sonrisas. Por eso los altos estamentos del régimen comunista han decidido que sus funcionarios y los trabajadores del sector servicios deberán mostrar su mejor cara en todo momento.

Tanto es así que incluso han creado cursos para todos aquellos y aquellas (a juzgar por las fotos, sobre todo aquellas) que quieran perfeccionar su técnica y tonificar los músculos de su rostro. Aprovechando utensilios tan comunes como los palillos que utilizan para comer, los monitores de estos cursos enseñan a sus alumnos como encandilar a sus conciudadanos o a los turistas que visiten el país. Sobre todo ahora, en vísperas de los Juegos Olímpicos de la Juventud que se celebrarán entre los días 16 y 28 de agosto en la ciudad de Nanjing.

Una de tantas muecas forzadas

Aunque resulte disparatado, no es la primera vez que las autoridades de un país se involucran en la sonrisa de sus ciudadanos. Eso sí, en lugar de bajar los impuestos y alegrarles un poco más la vida, los mandamases prefieren hacerlo por la vía de la imposición, es decir, a través de periodos formativos.

Repasando su historial, comprobamos que en China son muy proclives a llevar a cabo actividades de este tipo para dibujar una sonrisa a los suyos. Con el firme propósito de atraer más turistas al país y, al mismo tiempo, agasajar a los que ahora les visitan, en 2012 las autoridades de la ciudad de Dalian, en la provincia de Liaoning, ya pusieron en práctica estas técnicas con los policías que atendían en las aduanas. Ahí los tenemos (o, de nuevo, las tenemos) con el palillo en la boca:

Algunos años atrás, más concretamente en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, las azafatas encargadas de llevar las medallas hasta el podio también asistieron a los cursos de ‘Cómo sonreir’. Porque no se puede portar un galardón olímpico de cualquier forma. Las 380 voluntarias, de entre 18 y 25 años, debían ser capaces de mantener una sonrisa en la que se pudieran contabilizar entre 8 y 10 dientes durante, al menos, diez minutos. Y, además, con total naturalidad. “Al final de la clase teníamos los labios dormidos”, reconocía Hao Jingyu, una de las chicas.

La experiencia dio tan buenos resultados (o eso suponemos), que en Rusia siguieron su ejemplo para los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi. Poco importaba el estado lamentable en que se encontrasen los hoteles donde se alojaban los deportistas y la prensa, o la censura impuesta por el régimen de Vladimir Putin, siempre y cuando aquellas personas encargadas de recibir a los turistas lo hicieran con la mejor de sus sonrisas.

Por eso el comité organizador creó un taller de hospitalidad en el que los alumnos, encargados de transmitir al mundo la cara más amable de la sociedad rusa, aprendían a sonreir y a tratar con cortesía a todos aquellos que se desplazasen hasta allí. Lo que no es si emplearon la metología ancestral del palillo chino o si lo hicieron por vías menos ortodoxas. Que ya sabemos como se las gasta el superhombre de San Petesburgo… “Dientes, dientes, que es lo que les duele”, que diría Isabel Pantoja.

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Con información de Mag4All, Daily Mail (y 2), Europa Press y Tera Deportes.

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