¡Mola que te cagas! La primera revista sobre videojuegos y el gusto por hacer de vientre

susan

Un reducto de románticos escatológicos se han propuesto sacar partido a ese pequeño placer que, si todo fluye regularmente, la vida nos regala cada día. ¿Qué sería de nosotros sin ese instante en el que nos sentimos los reyes del universo mientras soltamos lastre en nuestro trono de mármol? Ese momento en que podemos olvidar los varapalos de la cruda realidad y destinar toda nuestra energía a evacuar todo lo nocivo que nuestro cuerpo se permite desechar.

portadaflushedPor mucho tiempo que haya pasado desde que dejaste atrás el chupete y tu madre convertía las cucharas en naves espaciales fruto de la imaginación de George Lucas, sigues disfrutando del baño como un enano, como aquella vez primera. Si lees esto en compañía tal vez no te atrevas a reconocerlo, pero seguro que aún sonríes cuando una buena flatulencia ocupa el lugar que le pertenece. Es innegable: la caca da mucho juego. Si no que se lo digan a Samantha Allen, Lana Polansky y Elisabeth Simins, editoras de la revista Flushed, que aúna lo mejor de los videojuegos con el placer más placentero que tiene lugar sobre un retrete.

Quizá nos dé cierto reparo admitirlo, pero somos muchos los que, ‘smartphone’ en mano, perdemos la noción del tiempo mientras fabricamos muñecos sin cabeza. Por eso, estas intrépidas reporteras amantes del ocio interactivo han pergeñado Flushed, “la primera revista sobre la bulliciosa intersección entre videojuegos y aseos”, tal como aseguran en el editorial de su primer volumen. “El silencio por fin se ha roto, y no con una explosión, sino con un pedo”. Más claro, imposible.

Desconocemos las razones por las que algo tan cotidiano como manchar la porcelana se ha visto enturbiado por tabúes, clichés y normas de convivencia, pero los creadores de Flushed han quitado hierro al asunto para hablarnos con total naturalidad de la sensación de paz que nos invade cuando visitamos al señor Roca en compañía de una videoconsola. No hay más que leer el artículo de Lucas White titulado ‘Dad’s Trone of Solitude’ (El trono de la soledad del padre). Este progenitor primerizo relata en las páginas del magacín cómo el escusado se ha convertido en su particular oasis, un templo de la relajación cotidiana alejado del acoso del pequeño.

ken2“Cierro la puerta, subo el volumen, dejo que las cosas sucedan y disfruto de mis preciosos momentos de indulgente aislamiento y videojuegos”. Es más, asegura que la magia del momento le ha llevado a encontrar en la banda sonora de Pokemon una de las melodías más hermosas que jamás ha escuchado. “Huyo de todo, pero abrazo mi eventual regreso a los pañales, a los llantos, a las risas y a los abrazos”.

Al contrario de lo que pueda parecer, los autores de Flushed no solo abordan el hacer aguas mayores desde el punto de vista del jugador, que afirma levantarse del trono con el culo ‘carpeta’. También analizan el fenómeno a la inversa. El WC es un elemento fundamental en la historia del ocio interactivo. Tal y como afirma Atlas Burke, “los baños son un lugar donde los seres humanos son extremadamente vulnerables – tanto física como emocionalmente” y “los diseñadores de juegos explotan esto para que la creación de cada baño refleje el estado anímico que quieren que el jugador sienta”.

lolaBurke realiza un análisis profundo y pormenorizado de las distintas temáticas en las que el baño cobra una especial relevancia, como los juegos de terror. Partiendo de esta teoría, ahonda en la relación que los humanos mantenemos con el inodoro y como este vínculo se traslada al videojuego. “Los baños son una parte importante de la vida humana y, por lo tanto, deben ser una parte importante del videojuego“.

Sin tapujos, en la páginas de la revista podemos encontrar diversos perfiles de ‘gamers’ sentados en el sillón de cerámica, disfrutando por partida doble. Aunque personas sin sentimientos no sepan apreciar el pequeño placer de descomer, siempre habrá valientes que rescaten este delite cotidiano de las garras del cliché para devolverle su naturalidad primigenia. Y por el módico precio de 76 céntimos.

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Con información e imágenes de la revista Flushed

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