Un McDonald’s, en guerra con un grupo de ancianos que echa la tarde con una ración de patatas fritas

Un grupo de hombres y mujeres de edad avanzada y origen coreano se reúne cada tarde en un McDonald’s de Queens, piden una ración pequeña de patatas fritas para todos (1,39 dólares) y echan la tarde charlando en las mesas del restaurante, desde las 5 hasta que se pone el sol. El encargado del restaurante avisa a la policía, que invita a los abuelos a salir del local por no consumir, pero al rato "Ya están dentro otra vez con sus patatas".

La lucha territorial por las mesas del pequeño local es tenaz. Los abuelos llegan con sus bastones, sus sillas de ruedas y sus abrigos de colores brillantes (las célebres "coreanas") y se hacen fuertes en sus mesas, degustando durante varias horas un café, ignorando el cartel que pide a los clientes que desalojen su mesa tras 20 minutos. Rotación, rotación, rotación es el mantra de los restaurantes de comida rápida. "¿Te parece que es posible tomarse un café gigante en 20 minutos? ¡Es imposible!", protesta el líder de los abuelos, de 77 años.

Los ancianos coreanos llevan cinco años acudiendo puntualmente a su McDonald’s favorito, pero las hostilidades no han empezado hasta los meses recientes. Desde el pasado de noviembre, las patrullas de la policía han acudido a la llamada de los empleados del local para disolver a su talluda parroquia. Agentes, trabajadores y clientes intercambian recriminaciones e insultos, pero al día siguiente se produce la misma ceremonia: "Ponme una mediana de café (1 dólar)". Y otra tarde más.

La gerente se queja amargamente de la cotidiana invasión de los septuagenarios, cuya venerable lentitud choca con el concepto de "comida rápida" que exige el negocio: "¡Esto es un McDonald’s, no un club de jubilados!".

Visto en New York Times, vía Gawker.