Exige 100 millones de dólares a Nike por no avisar que las Jordan pueden ser un “arma mortal”

This boots were made for walking.

"No es culpa mía, señor juez, sino de Nike por fabricar estos peligrosos artefactos". Probablemente se trate de la defensa más endeble de la historia judicial, pero a este clavo ardiendo trata de aferrarse Sirgiorgiro Clardy, un proxeneta acusado de dar una brutal paliza a un cliente de la mujer que forzaba a prostituirse y que trató de hacer un simpa.

Los hechos sucedieron en un hotel de Portland en junio de 2012. El acusado, que calzaba un par de flamantes Nike Jordan, sorprendió al cliente de su protegida cuando éste intentaba irse sin pagar por los servicios recibidos, motivo por el cual le dio tremenda golpiza, dejándole la cara desfigurada a patadas. Con las Jordan.

A principios de 2013 un tribunal declaró a Clardy culpable de un asalto en segundo grado por desfigurar la cara de la víctima, que necesitó cirugía plástica en su nariz para reconstruir su gepeto. El chulo también fue declarado culpable de robar y golpear a la joven de 18 años a quien obligaba a prostituirse.

En el año que Clardy lleva cumpliendo condena en una prisión de Oregón, el recluso ha trazado una estrategia de defensa que ya quisiera Miquel Roca para sí: ha demandado por 100 millones de dólares a Nike y a su presidente Phil Knight por no advertir en el etiquetado que las zapatillas pueden utilizadas como un arma letal.

Clardy, que se defiende a sí mismo en el juicio, argumenta que esta omisión de la admonición por parte de Nike está causando "sufrimiento mental". A él mismo, concretamente, pues ha intentado autolesionarse e incluso suicidarse varias veces durante su estancia en prisión. En consecuencia, el recluso solicita al juez que obligue al fabricante de ropa deportiva a incluir etiquetas de advertencia en todos los "productos potencialmente peligrosos de Nike y Jordan".

La defensa de Clardy no es tan descabellada como pudiera parecer en un principio. Existe jurisprudencia sobre otras "armas peligrosas", incluyendo botas, cuerdas, un teléfono móvil, agua hirviendo y una aguja infectada de VIH.

Durante el juicio que acabó con sus huesos en chirona, los psicólogos declararon a Clardy como "psicópata anti-social" y aventuraron que tenía un 100% de probabilidades de volver a cometer crímenes violentos en el futuro. Por todo ello, fue condenado a 100 años de prisión, una condena benevolente, teniendo en cuenta que el fiscal pedía 300 años y un día para el criminal.

Noticia original en Oregon Live.