El gato Orlando juega a la Bolsa… Y gana

¿Le dejaría usted seis mil euros a un gato para que jugara en bolsa? No al de Schrödinger, que es muy listo aunque imprevisible. Al suyo, por ejemplo. ¿No? Pues igual hace mal. Ya lo probaron antes con un grupo de basureros contra otro de analistas de la City. Les dieron un dinero para invertir en valores durante un tiempo a ver qué ocurría. Pasó lo lógico: los basureros acertaban más veces. Pues ahora lo han hecho con un gato.

El gato Orlando (Roldán o Rotolando en español) convirtió sus cinco mil libras esterlinas inciales en cinco mil quinientas cuarenta y dos en solo nueve meses. Esto, que puede parecer un parto (por su duración y porque no llega a un seis por ciento de beneficios) no lo es tanto cuando vemos que competía contra un grupo de inversores profesionales (no gatunos) y otro de estudiantes de Economía de la Warner School de Hoddesdon, Hertfordshire (Inglaterra, por supuesto) y que ganó más que ellos.

Cada grupo seleccionó a principios de 2011 cinco compañías de un índice concreto (el FTSE All-Share, que, en junio del año pasado comprendía seiscientas veintisiete firmas que cotizan en la Bolsa de Londres) para invertir sus cinco mil libras. Cada tres meses los equipos podían canjear cualquiera de los paquetes de acciones, cambiándolas por otras de la misma lista. Los profesionales y estudiantes estudiaban trimestralmente su inversión y cambiaban sus valores según el método tradicional. El gato tiraba su ratón de juguete contra una tabla de números.

Durante seis meses los profesionales van por delante con un beneficio de 497 libras. Un ejemplo: viendo que la población de China crece y va a consumir más crudo y recursos naturales, los profesionales piensan globalmente y optan por Elementis, una compañía química internacional que se dedica a la extracción, búsqueda, producción, transporte y refinado de petróleo y gas en toda América, continente que espera ser autosufiente energéticamente en 2030.

Los beneficios se acumulan duran estos primeros nueve meses y ríen a grandes carcajadas mientras meten sus pulgares por dentro de los tirantes; pero, mientras, el gato Orlando prepara su jugada maestra: cambia sus acciones a la baja del Scottish American Investment Trust y arroja su ratón de peluche hacia las de Filtrona, especialista en plásticos y espumas, que suben como tal mientras Elementis se desploma. En total: a finales de diciembre (y del experimento) analistas y estudiantes habían ganado ciento setenta y seis libras. Orlando les sacaba casi trescientas: quinientas cuarenta y dos. ¡Miau!

El gato Roldán maquinando su siguiente maniobra financiera

Nigel Cook uno de los  profesores de la John Hoddedson afirmaba después que su error fue invertir en áreas de riesgo a principios de año. Ya. Gracias, profesor. También, para ser justos, debemos decir que había un tercer grupo de niños con otra cartera de cinco mil libras. Los mocosos terminaron con ciento sesenta libras menos. Dicen que el número de variables que inversores y analistas manejan para predecir el movimiento de los precios es enorme. No decimos que no, claro. Moraleja: la que quieran extraer.  Y, ¿qué hubiera pasado si el experimento lo hubieran hecho el año pasado en la Bolsa de Madrid en vez de con la London Stock Exchange? Probablemente hubiera perdido hasta el gato. Aunque vaya usted a saber.