Diez sucesos luctuosos producidos con la taza del váter como testigo

¡Ah! El inodoro, es pieza maestra de la ingeniería moderna, ese máximo exponente de la comodidad e imaginación humanas ese.... Ese lugar donde más de uno se ha jugado la vida.

No nos engañemos, el tigre en malas manos puede convertirse en un arma de destrucción masiva, ¿acaso no os habéis planteado por qué se enseña con tanto celo a los pequeños a usarlo? Existen muchos peligros que acechan a las nalgas incautas que se lanzan al lío sin las debidas precauciones; os desafío, mis queridos lectores, a descubrir cuales de las siguientes historias tuvieron lugar realmente. La verdad podría sorprenderos.

Empecemos por la manida leyenda de la serpiente emergiendo por las tuberías hasta nuestro sorprendido ‘asterisco’. ¿Leyenda digo? ¡No! En algunos países del mundo esto es relativamente frecuente con serpientes, arañas y hasta ratas.

En 1945, el submarino alemán U-1206 comenzó a inundarse debido al mal funcionamiento del inodoro y a la peor reparación de emergencia llevada a cabo por un técnico. Al final fue necesario llevarlo hasta la superficie para evitar el completo desastre.

El váter (o su hermana mayor la letrina) fue en esta ocasión cómplice y víctima, cuando en 1306 un lanzazo (si, un lanzazo) acabó con la vida de Wenceslao III de Bohemia mientras estaba a la faena. Hace falta ser bestia.

Mucho menos tosca fue la muerte del también monarca Jorge III de Gran Bretaña, quien en 1760 murió en el excusado por un desgarro en la aorta. Cosas del esfuerzo.


No es mortal, pero sí de mal gusto, la fijación de los japoneses por la broma con cámara oculta en las que el inodoro sale propulsado y la pobre víctima invariablemente enseñándole las vergüenzas a medio vecindario.

Otra baja causado por el malvado retrete, la de Michael Anderson Godwin, un convicto a cadena perpetua en el estado de Carolina del Sur que decidió que el excusado (de metal) era un buen lugar para ponerse a reparar la televisión. Una descarga y las leyes de la conductividad hicieron el resto.

Lejos de ser armas mortíferas, los inodoros también disfrutan lesionando o mutilando. Uno de los accidentes más comunes en niños pequeños en contacto con este aparato sanitario es lesiones en los genitales e incluso ahogamiento.

Los adultos tampoco se salvan. Desde el dislocamiento de cadera por sentarse en retretes descolgados a todo tipo de infecciones producidas por los gérmenes y bacterias que gustan de habitar en lugares insalubres.

Otro riesgo poco conocido por el público son los retretes mutantes asesinos. Ríanse, ríanse.


¿Y las bombas? ¿Es que nadie piensa nunca en las bombas? Ya nos avisó Danny Glover en Arma Letal 2, cuando casi pierde el culo (y la vida, ya de paso) al sentarse en un inodoro-bomba. A más de uno debió gustarle la idea, porque de vez en cuando encontramos noticias como ésta.

En fin, el consejo de la semana de vuestro tío Justin es que comprobéis a fondo un lugar tan sagrado como en el que vais a plantar vuestras preciadas posaderas. Podría salvaros la vida.