El duro camino de unos estudiantes chinos para llegar a su escuela

La aldea de Pili, (皮里村), cerca del pueblo de Taxkorgan, en la provincia china de Xinjiang, se ha hecho famosa en todo el país después de que un periodista colgara en un popular site de microblogging las fotos del camino que los muchachos del pueblo deben realizar para ir a la escuela.

En el mundo occidental, donde las rutas de autobuses trasladan comodamente a millones de niños al cole, contrastan sobremanera las imágenes de unos chiquillos que se ven obligados a recorrer 200 kilómetros hasta la puerta de su colegio, 80 de estos kilómetros por senderos de montaña estrechos, peligrosos acantilados y ríos turbulentos.

Cada año, cuando la temporada escolar comienza, funcionarios locales y profesores de la provincia llegan hasta el pueblo para recoger a los 86 niños en edad escolar y escoltarles hasta la escuela-internado, para luego enviarlos de vuelta a casa al final de cada semestre.

Como la caravana no pueden caminar por el turbulento río Yarkand, deben dar varias vueltas para eludir los numerosos acantilados de montaña y las zonas de rápidos. No sólo deben tener miedo a lo que hay debajo, pues las rocas también podrían caer encima de sus cabezas en cualquier momento.

Transitando por la pista del acantilado, de sólo unos centímetros de ancho y donde apenas cabe la mitad de un pie, también corren el peligro de que una crecida acabe con sus vidas.

Desde que comienzan la jornada de salida, hasta que llegan a la escuela, tardan 2 días y una noche en completar el viaje. Pero la parte más difícil del trayecto es, paradójicamente, la falta de agua potable.

Tras tantas horas de observar el río corriendo en paralelo a ellos, los alumnos y sus acompañantes tienen que resistir la tentación de beber de su agua, ya que si se acercan demasiado corren el peligro de ser arrastrados por la corriente.

Por si fuera poco, cuando consiguen coger un poco desde arriba, el líquido está tan turbio y enlodado que se convierte en un trago aún más amargo que el que tienen que pasar para llegar al sitio donde, se supone, algún día aprenderán a cambiar las cosas.



Vía Weibo

Fotos, de aquí