Mas Oyama, el hombre que mataba toros con las manos desnudas


Siempre se ha acusado a la tauromaquia de ser una disciplina algo injusta. Mientras que el toro se defiende con sus dones naturales, el torero utiliza diferentes clases de armas para enfrentarse a él. No es el caso de Masutatsu Oyama, un legendario karateka que tenía por afición enfrentarse a toros con sus manos desnudas… y que era incluso capaz de matarlos de un golpe.

Así es: nuestro protagonista de hoy llegó a enfrentarse a lo largo de su vida con 52 toros. La mayoría perdieron un cuerno o dos, e incluso 3 de estos animales fueron aniquilados con sus letales ataques de sus puños. No, no lo hemos sacado de “Dragonball” u otra serie de dibujos. Oyama existió y es considerado uno de los artistas marciales más importantes de la historia. Y lo de los toros no es lo único por lo que destacó.  
Nacido en Corea del Sur, emigró a Manchuria y comenzó a practicar artes marciales desde los 9 años. El enfrentarse a su padre, borracho y maltratador le confirió un carácter rebelde, lo que se reflejó en su manera de entender las artes marciales, mezclando diferentes estilos, con poco respeto por las tradiciones o la disciplina deportiva.

Fue en Japón donde comenzó su leyenda. En 1942 se muda allí, y tras fracasar en su intento de ser piloto (visto lo visto, salió ganando), comenzó a estudiar diferentes artes marciales: boxeo, judo y finalmente, Karate, el estilo que le daría la fama, bajo diferentes maestros.  Fue su último sensei, Chojun Miyagi, el que le aconsejó retirarse a las montañas a entrenar.


Allí permaneció un total de 32 largos meses aislado del mundo, con apenas un breve intermedio para participar en un campeonato (que por supuesto ganó).  Oyama entrenaba durante más de 12 horas diarias, siete días a la semana. Sus prácticas, dignas de “Los caballeros del zodiaco”, consistían en sentarse durante horas bajo una cascada durante horas para meditar, luchar contra animales salvajes, partir piedras y árboles o recorrer el bosque saltando sobre plantas de lino. El resto del tiempo lo dedicaba a leer textos para estudiar la filosofía Zen, las artes marciales, y las enseñanzas de Miyamoto Mushashi, el famoso samurai. Así comenzó a crear su propio estilo de karate.

toros

Ya en 1950, tras su regreso a la civilización, Oyama estaba deseoso de mostrar que su estilo era el mejor. Y qué mejor forma que hacerlo que… ¡luchar con toros! Durante 7 años, el guerrero viajó por todo el mundo enfrentándose con estos animales, con los resultados que comentábamos al comienzo: 3 asesinados de un solo mamporro en la cabeza y otros 49 que perdieron un cuerno con shuto. Claro que, a pesar de ser karateka, un toro sigue siendo un animal peligroso.En 1957, ya con 34 años en una exhibición en México, fue corneado por su rival. A diferencia de Manolete, logró vivir para contarlo.


Su siguiente paso para convertirse en el guerrero definitivo fue convertir su vida en una perpetua partida real de “Street Fighter”, aceptando los retos de cualquier luchador que quisiera enfrentarse a él. Durante los siguientes años, llegó a luchar con 270 contrincantes. No perdió un solo combate. Es más: las luchas no duraron nunca más de 3 minutos y muchas fueron ganadas de un solo galletón. Sus increíbles puñetazos le hicieron ganar el mote de “Godhand“, la mano de Dios, mucho antes de que Maradona se apropiara de aquella expresión.

A partir de ahí, se dedicó a la enseñanza, creando su propia escuela, que poco a poco fue extendiéndose por todo el mundo y ganando adeptos.   Su popularidad en Asia fue tan enorme que el cine no permaneció ajeno a sus hazañas. En 1972, Sonny Chiba protagonizaba la película “Karate Bullfighter“, donde interpretaba a un karateka que luchaba contra un toro en un ruedo. La co-producción italo-china “Duelo del dragón y el tigre“, de 1982,  también contaba con una escena donde Bruce Le (con una sola “e”) eliminaba a un morlaco de un golpe en el cráneo. Por último la coreana “Fighter in the Wind“, de 2003,  es una biografía más o menos oficial, recomendada para los fans de las artes marciales.

oyama karate

Oyama murió en 1994 de un cáncer de pulmón, pero su estilo Kyokushinkai ha pervivido: es más popular que nunca y se enseña en 120 países. Os dejamos con una cita que resume la filosofía del movimiento que lideró:

“El Karate no es un juego, no es un deporte. Ni si quiera es un sistema de defensa personal. El Karate es un ejercicio mitad físico y mitad espiritual. El karateka que ha dedicado los años necesarios al ejercicio y a la meditación, es una persona tranquila. No le teme a nada. Puede mostrarse calmado dentro de un edificio en llamas.”