El funeral mayor del siglo

Un gran mural homenajeó a la reina Isabel II en Picadilly Circus minutos después de su fallecimiento

EFEUn gran mural homenajeó a la reina Isabel II en Picadilly Circus minutos después de su fallecimiento

Yendo a diversos programas de televisión este dia 8 los elogios a la Reina Isabel han superado cualquier previsión. Parecíamos todos británicos. Los tópicos se han desparramado e incluso clichés como el pronunciado por el nuevo monarca Carlos III  (“siento una gran tristeza”, ¿qué hijo diría algo diferente?) son repetidos una y otra vez y publicados como grandes titulares.

La realidad probablemente es que la desaparición de la reina británica no va a alterar la vida de la mayor parte de los habitantes del mundo, un indonesio, un argentino, un marroquí o un estadounidense, no pueden sentirse desamparados pero la fallecida merecía muchos de los elogios. Aunque dentro de un par de meses sea olvidada mientras la gente batalla con la subida de las hipotecas, con el coste de la electricidad, con dudas sobre la ayuda a Ucrania y hasta con las desventuras de su equipo de fútbol.

La Reina, con todo, ha sido en buena medida modélica. No porque haya preservado la institución, eso va en su propio interés, sino porque ha sabido entusiasmar a sus compatriotas en varios momentos importantes de su largo reinado. Muere muy querida y respetada por su pueblo. La razón es que ha tenido un enorme sentido del deber, enorme, que recibiera el martes a la nueva primer ministro cuando debía ya estar muy alicaída es un ejemplo, ha sido cercana y al mismo tiempo distante, ha sido asequible y al mismo tiempo inexcrutable (¿Qué pensaba ella sobre el Brexit o sobre el apoyo a Ucrania? ¿ Estaba en contra, a favor o le resbalaba?). Los británicos, ingleses, escoceses y galeses han apreciado que no se comportara de forma petulante o estirada pero tampoco querían que apareciese una persona sencilla como ellos.

Simultáneamente resultó siempre enormemente respetuosa con el trabajo del gobierno. (Algo que también ha distinguido a Don Juan carlos y Don Felipe). Se dice que sus favoritos fueron varios dirigentes socialistas, Wilson, Blair, y que tenía menos aprecio por los conservadores pero nunca mostró preferencia por ninguno y no se inmiscuyó en la gestión del ejecutivo o en los trabajos de las dos Cámaras legislativas.

Su reinado tuvo un momento peliagudo. En 1992 llegó el divorcio del heredero con la princesa Diana. La Reina, según cuentan, no ocultó su malestar y al morir la princesa en su periplo parisino, Isabel II pareció fría ante la tragedia y remisa a rendirle los adecuados honores funerarios. El primer Ministro Tony Blair le hizo entrar en razón argumentando que ese distanciamiento sería nefasto para su imagen y la de la Corona. La reina rectificó y paulatinamente recuperó la simpatía colectiva que había en esa época palidecido. El funeral será monumental, un prodigio, y visto por más personas que una Final de la Champions.

Era una persona tímida , en mi opinión no excesivamente culta, fue educada por tutores privados, no fue a un colegio de enseñanza media ni a la Universidad. No obstante, sin hacer aspavientos ni demagogia supo captarse el cariño de la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Un británico acendrado republicano podrá manifestar que la monarquía es algo obsoleto, que tendría que desaparecer, pero no atacará a la Reina. Curioso contraste con nuestro país donde un Secretario de Estado, al que usted lector y yo mantenemos, tiene las agallas de manifestar que “no le importaría pasar por Zarzuela y rebanarle el cuello al Rey Felipe”

Dios salve al Rey Carlos( y a Don Felipe, de paso)

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.