La rusa, la finlandesa y la conspiración

EFEEl ideólogo ruso Alexander Dugin asiste al funeral de su hija Darya Dugina celebrado en el Centro de Televisión Ostankino en Moscú

La muerte en un atentado con bomba de Dugina, hija de un ideólogo extremista cercano a Putin que en alguna ocasión ha manifestado que a los ucranianos había que matarlos a todos, ha producido conmoción en Rusia y desatado las especulaciones.

Dugina comulgaba a menudo con las inclinaciones brutales del padre y, en consecuencia, era un blanco apetecible para los servicios de inteligencia de Ucrania. La paternidad del atentado, con todo, no está nada clara, Ucrania ha negado rotundamente su intervención, pero la muerte de la joven, en una bomba quizás destinada a su padre, ha sido inevitablemente explotada por los medios de información rusos y por el gobierna de Putin para demonizar a Ucrania. Como apunta Arcadi Espada, el asesinato de Dugina no difiere moralmente de lo que Putin está haciendo diariamente en Rusia. Sin embargo, un atentado siempre tiene un aspecto repelente y la fallecida ya es presentada como una mártir que justifique ahora, en el aniversario de la independencia de Ucrania, una dura represalia de Putin que necesita mostrar ante su opinión pública que ahora los ucranianos se van a enterar lo que vale un peine. No olvidemos que la guerra dura ya seis meses y Putin no acaba de lograr sus objetivos.

Por esta razón, surge la teoría conspiratoria. Las pruebas que la policía rusa ha aportado para condenar a la ucraniana Natalia Vovk como posible agente del atentado son bastante frágiles y la especie de que el explosivo fuera colocado por un grupo de extrema derecha ruso para obligar a Putin a actuar con dureza o por los propios servicios de inteligencia de Moscú no se puede descartar. Los exaltados en Rusia, los que quieren hacer verdaderamente morder el polvo a Ucrania no escasean y Putin no tiene demasiados escrúpulos si precisa de coartadas para hacer algo en principio censurable para la comunidad internacional.

La teoría de la conspiración también irrumpe en el incidente de la joven primera ministra de Finlandia. Un vídeo en el que aparecía bailando, no sé si demasiado animadamente, en una fiesta con amigos ha sido utilizado por adversarios de la política para dejar caer que las drogas tenían algo que ver con el tema. La primera ministra valientemente se ha sometido a toda clase de pruebas que han mostrado la falsedad de la acusación. Surge entonces la pregunta de quien ha filtrado las imágenes y aflora la tesis de que los servicios secretos rusos estarían detrás de ello.

Suecia y Finlandia, a la vista de la invasión de Ucrania y comprobar cómo se las gasta reiteradamente Putin, han solicitado la entrada en la OTAN que probablemente se consumara antes de diez meses. Putin ha visto con disgusto que Polonia y más aún los países bálticos ingresaron en la Organización atlántica. Con Finlandia lo ve con horror. No tan profundo como ocurriría con Ucrania pero con total repugnancia. Sería otro país con más de mil kilómetros de frontera con Rusia que se alía con el adversario. Tener vecinos que pertenecen a la Alianza es algo que exaspera a Putin y a una buena parte de la clase política rusa. Cualquier logro en la desestabilización de ese país es bienvenido.

Dentro de un mes veremos a los hackers rusos tratando de sembrar el desconcierto en las elecciones italianas. Los antecedentes de su actividad en Occidente, las elecciones americanas, alemanas, el referéndum chapuza de Cataluña, etc...son numerosos.

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.