España fanfarrona y roñosa

El presidente español, Pedro Sánchez, saluda a Volodímir Zelenski, en Kiev.

EFEEl presidente español, Pedro Sánchez, saluda a Volodímir Zelenski, en Kiev.

Uno se hace el propósito de no zarandear a Pedro Sánchez muy a menudo porque en el mundo hay temas preocupantes y no debe obsesionarse con nuestro declive. Uno se hace el propósito de no mencionar la actividad de nuestro gobierno nada más que en uno de cada cinco artículos. Sin embargo, resulta difícil con frecuencia respetar esa promesa. Las provocaciones de nuestro ejecutivo afloran cuando menos te lo esperas.

Y surgen las comparaciones que nos dejan con el trasero al aire. Leemos que Estados Unidos ha aumentado de nuevo la ayuda económica y militar a Ucrania que alcanza ya los 11.000 millones de dólares. Este apoyo, según Washington y la Unión Europea, de la que formamos parte, es básico para que el país agredido no sucumba ante el agresor. Nos enteramos también de que otras naciones europeas, tibias al principio, han aumentado de forma considerable la asistencia militar y alimentaria a Ucrania: Alemania, Francia, por supuesto Polonia, no digamos Gran Bretaña que sigue relativamente cerca a Estados Unidos, etc...¿ y donde está España? Prácticamente en el último lugar. Si en el gasto en seguridad estamos en la cola con Luxemburgo en la asistencia al país invadido también nos encontramos al final.

Volvemos a ser el hazmerreir de diplomáticos y comentaristas que repiten que en operaciones de esta envergadura en la que participan los aliados el gobierno de Sánchez continúa jugando a ser el gorrón mientras saca pecho fanfarroneando.

Esto es lo peor, nuestro gobierno no se rasca el bolsillo mientras otros similares sí lo hacen pero se ha jactado de que estaríamos en la primera línea. Lo dio a entender cuando nuestro presidente se trasladó a Ucrania, nos pavoneamos en la Cumbre de la OTAN y ahora los funcionarios responsables ucranianos no se cansan de decir que los España es totalmente frustrante. En resumen que somos unos embacaudores presuntuosos.

Pregonamos que somos los primeros en esto o en aquello, recordemos cuando alardeábamos de ser los que acogían más y más rápido a afganos, y la realidad nos desmiente sin que aprendamos. Para más escarnio, los hechos nos ridiculizan. Los ucranianos esperan un número determinado de camiones y luego llegan los vehículos descargan material de cualquier tipo y regresan a España sin ser donados al país como ellos creían. Prometemos 60, luego 20 tanques, los trámites se eternizan y finalmente la propia ministra de defensa admite que no se entregará ninguno porque no están en condiciones.

Hay situaciones en que un gobierno puede tacañear por no tener los recursos que se esperaban de el. Es mucho menos frecuente que esto se haga habiendo prometido con fanfarria es ayuda y habiéndola vendido así a la opinión pública. El ridículo es aun mayor.

Nuestra fama de botarate pretencioso es ya comentada en las embajadas en Madrid. Y los ucranianos concluyen que si dependieran de muchas capitales como de la española hace tiempo que los rusos habrían tomado Kiev.

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.