¿Tiene Ucrania derecho a escoger su destino?

El presidente ruso, Vladimir Putin, visita el cosmódromo de Vostochny

EFEVladimir Putin

Putin ha cuestionado en diversas ocasiones la existencia de Ucrania a la que no considera un verdadero país. Si obtuvo su independencia cuando explotó la Unión Soviética fue por los errores estratégicos de los últimos dirigentes bolcheviques y por las asechanzas de Estados Unidos cuyo objetivo es debilitar a Rusia. Olvida por supuesto que cuando se desintegró el imperio soviético, una inmensa mayoría de ucranianos, incluidos los del este del país, se pronunciaron por la independencia. Inequívocamente.

En un discurso del lunes el líder ruso reitera que la invasión de Ucrania (la “operación especial” según su terminología) “era inevitable y se desarrolla de forma armoniosa. Sus objetivos eran claros y nobles, Moscú va a salvar a la población del Donbas y garantiza la seguridad de la propia Rusia”.

Que la ampliación de la OTAN hacia el este o el paso de Ucrania al lado occidental constituyen una amenaza para Rusia es una idea defendida por no pocos intelectuales occidentales que en su momento advirtieron que los coqueteos occidentales con Ucrania constituirían una línea roja para Rusia y que Moscú podría actuar en consecuencia. En resumen, permitir que Ucrania o los países bálticos se alinearan definitivamente con Occidente era algo ante lo que Rusia tendría que reaccionar vigorosamente.

Nada menos que el famoso diplomático estadounidense George Kennan, autor de de un mítico informe sobre la Unión Soviética, señaló en 1988 cuando se hablaba del ensanchamiento de la OTAN: “es el principio de una nueva guerra fría. Muestra una ignorancia de la historia rusa y soviética...”. William Burns, un antiguo director de la CÍA, manifestó algo parecido en 2008, Noam Chomsky decía que la entrada de Ucrania en una alianza militar occidental sería inaceptable para cualquier dirigente ruso. Sir Roderic Lyne, ex embajador británico en Moscú declaraba : “si se quiere desencadenar una guerra con Rusia, ese es el mejor modo de conseguirlo”.

Varios comentaristas occidentales han abundado en estos días sensiblemente en esa interpretación que equivale a decir que Putin o cualquier dirigente ruso difícilmente podría no actuar ante la posibilidad de que Ucrania se uniera a Occidente.

Visto lo visto, el diagnóstico ha resultado acertado. Ucrania no ha entrado en la OTAN pero quería acercarse a Occidente y Putin ha reaccionado.

El fondo del tema, sin embargo, no es el previsible berrinche de Putin que ha provocado su salvaje agresión. Esto aunque improbable no era impensable. El meollo del asunto es si su reacción tiene algún atisbo de justicia. En otras palabras, ¿por mucha irritación que sufra una nación vecina, puede un país de 45 millones de habitantes resignarse a no entrar en la Unión Europa y eventualmente en la OTAN, a tener una política exterior maniatada, porque ese gigante limítrofe se indigne? Por muy cínico que sea uno, es esto defendible en el siglo XXI?

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