Algunas lecciones de la 'guerrita' de Putin

Vladimir Putin, en su discurso de este jueves

Foto: EfeVladimir Putin, en su discurso de este jueves

Cuando Washington se aprovechó de la voladura accidental del Maine en un puerto cubano, tuvimos una confrontación armada con Estados Unidos. Fuimos pronto derrotados. Un importante político yanqui dijo que se había tratado de una “espléndida guerrita”.

Ninguna guerra es espléndida y la que ha iniciado Putin ha sido artera, engañosa, matona y será dolorosa.

Algunas de las conclusiones a las pocas horas de la invasión rusa:

-Putin y su gobierno han montado una catarata de mentiras y de paralenguaje para justificar, al menos ante su opinión pública, la intervención cruel. Han argumentado que en las provincias ucranianas semiindependizadas gracias a Moscú se estaban cometiendo un genocidio desde Ucrania. No se sabe como si Ucrania no controla ese territorio. Putin ha anunciado que iba a lanzar una operación militar especial( En realidad, es una guerra). Dijo hace una semana que empezaba una retirada parcial de sus tropas cuando las estaba incrementando. En la televisión rusa se pregona que “a Ucrania la están arrastrando a una guerra con Rusia” ( Otra falsedad). Putin dice que va a enviar “un cuerpo de la paz” a Ucrania( son soldados que matan con bombas) y el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov canta la mayor de las machadas( “ Nunca a lo largo de su historia Rusia ha atacado a nadie”. Que un portavoz serio pueda mantener esto cuando hay generaciones de europeos que recuerdan Budapest, Praga, Finlandia, Polonia, Berlín…por no remontarnos en la historia resulta hilarante aunque es sobre todo cínico). Prueba que Putin utiliza una sarta de mentiras para justificar lo injustificable: su ataque a Ucrania es una violación grosera de la legalidad internacional.

-El presidente ruso, al que algunos llaman ya paranoico, es un hombre con una obsesión: la desaparición de la Unión Soviética fue una tragedia, Ucrania no puede existir como una nación independiente, no es una nación real, es rusa y debe volver a su seno. No le importa, en consecuencia, lo que la opinión internacional piense, en parte ni siquiera lo que sienta la nacional( que está mucho menos entusiasmada con esta guerra que cuando se produjo la invasión y anexión de Crimea). Está convencido de que el tendrá un lugar en la historia si logra resucitar en buena medida el imperio que crearon los soviéticos.

-Putin no debería irse de rositas después de su tropelía. Europa no debería aceptar un nuevo Munich como el Hitler. Es claro que, en contra de lo que piensa y casi desea algún medio de información- Occidente no va a entrar en la guerra. La fragata española no va a intervenir. Los soldados yanquis tampoco. Para que Putin sienta que ir de matón en el siglo XXI tiene un precio deberían darse dos cosas:

a) que las sanciones sean serias, rápidas y duraderas. Esto quizás sea mucho pedir dada la división de Europa. ¿Resistirá mucho Alemania dada su dependencia del gas ruso? Ay, Merkel, ¿por qué anunciaste que cerrarías lo nuclear? Ahora viene el llanto y el crujir de dientes. Unas sanciones tibias o adoptadas a regañadientes( más de un país temerá las represalias económicas de Moscú) envalentonaría a Putin que podría dar otro zarpazo y dejaría en ridículo a Biden, Von der Leyen, Borrell, Macron (que ya ha hecho un poco el ridículo con su fantasioso intento de mediación), Johnson, etc…Esa generación de políticos repetirían lo de Chamberlain en Munich.

b) que los ucranianos ofrezcan resistencia. Muy importante. Un paseo militar ruso, “una guerrita”, es asumible por Putin; sin embargo, un goteo prolongado de cadáveres de sus jóvenes compatriotas aunque se apodere del país en un espacio breve de tiempo, traerá recuerdos de Afganistán donde se estrelló Gran Bretaña en el XIX, Estados Unidos en el XXI y la propia Rusia en el XX. La repetición del avispero afgano no es digerible ni por Putin.

- Como se preveía, Europa, por sus disensiones y por reclinarse en Estados Unidos, ha sido hasta ahora un comparsa. Macron ha salido trasquilado, el alemán prefería ni estar ni que se le esperase, Johnson era el que más hablaba para tapar sus vergüenzas, el ministro ruso Lavrof desairaba a los cargos de Bruselas, nuestro Sánchez no fue llamado a ninguna consulta a pesar de su estudiada fotografía con los teléfonos. La Onu también ha estado ausente como en más de la mitad de los grandes conflictos que asolan el mundo.

El momento no es de optimismo ni para Europa ni para el mundo. Un potente violador internacional anda suelto.

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