Ucrania y la guerra del Golfo: paralelismos

protestas ante la embajada rusa

EFEUcraniaUcranianos protestan frente a la embajada rusa en Kiev

Sadam Hussein invadió Kuwait en 1991 haciendo un enorme error de cálculo. De un lado, Estados Unidos no podía permitir que el sátrapa iraquí se zampase todo un país, que aumentase sus reservas petrolíferas y le diese además un mayor control sobre el flujo energético. De otro, Kuwait mantenía muy buenas relaciones con Washington. Finalmente, el momento escogido por Sadam era disparatado. La guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos se difuminaba con la llegada de Gorbachof y en un par de reuniones los ministros de Exteriores ruso y americano se pusieron de acuerdo para que la ONU votase que había que parar los pies al iraquí. El Consejo de Seguridad bendijo la operación de desalojo de Sadam del territorio kuwaití, la España de Felipe González participó simbólicamente en la operación, y la superioridad de Estados Unidos resultó total ante lo que se denominaba el quinto ejército del mundo. Barrió a los iraquíes en pocas semanas y se consagró la doctrina Powell: Estados Unidos sólo se involucraba en una guerra si la operación contaba con un objetivo definido, su superioridad era abrumadora y existía una estrategia de salida. El síndrome de Vietnam pasaba a la historia.

Con Ucrania hay similitudes pero asimismo una enorme diferencia. Rusia comete un acto de villanía jurídica internacional similar al de la guerra del Golfo: Putin invadió hace años dos provincias ucranianas, instaló allí un gobierno de pacotilla a sus órdenes y ahora, con razones falaces, lo reconoce como un gobierno independiente. Más tarde vendrá la anexión a Rusia. Putin no admite la independencia de Ucrania, quiere vigilarla y que ese país hermano no tome en política internacional ninguna decisión que le disguste. La soberanía así de Ucrania sería limitada, dependería de Moscú.

La diferencia es que con un base jurídica grosera, no hay fundamento jurídico, Putin, habiendo resucitado crudamente la guerra fría, ha calculado bien su momento. Estados Unidos está escaldado de la guerra de Afganistán y no quiere conflictos abiertos, Biden debe andarse con pies de plomo, Europa está claramente dividida sobre como reaccionar ante las agresiones rusas, ya se vio como actuamos cuando ocupó Crimea y luego las dos provincias ucranianas. Con sanciones limitadas que Rusia, con una opinión pública controlada, puede asumir. Por último, la dependencia energética de Europa, de Finlandia, de Países Bajos, de Alemania, etc…del gas ruso es fenomenal. Más de la mitad del que consume Alemania viene de Rusia y ¿qué gobierno occidental le dice a sus votantes que a lo mejor van a pasar frío en los próximos meses por defender de verdad a los ucranianos?.

Esto muestra que los grandes pueden hacer trapacerías y la ONU debe tragar. China se portó ambiguamente cuando empezó la pandemia, la OMS no protestó mayormente. Lo habría hecho con Perú o con Túnez. Ahora Rusia actúa pendencieramente quebrantando sin ambages la legalidad internacional. El Consejo de Seguridad se paraliza por la existencia del veto soviético. Todo esto lo sabe Putin, un matón astuto que ha manifestado que la desaparición de la Unión Soviética fue una gran catástrofe. Pablo Iglesias dijo algo parecido sobre el telón de acero.

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