Putin mueve la cuna de la frontera

Bielorrusia

La mayoría de los diplomáticos y observadores internacionales están convencidos de que Putin está detrás de los mensajes nocivos para Occidente en las últimas elecciones en diversos países. Publicitó el proceso del Brexit, los hackers rusos trataron de desprestigiar a Hillary Clinton, en el Kremlin la detestaban, frente a Trump, fomentó las inquietudes de los separatistas catalanes y ya se dice que multiplicará los mensajes desestabilizadores en las próximas elecciones francesas.

El gobierno ruso no está interesado en la estabilidad europea, quiere crear problemas a países occidentales y, de paso, dar a entender a su población que la prosperidad y tranquilidad de las naciones europeas y de Estados Unidos tienen mucho de ficticias. En Rusia habría algo menos de prosperidad pero mucho más de paz y tranquilidad.

En el conflicto migratorio entre Polonia y Bielorrusia hay un elemento añadido. Putin y su gente son los padrinos, los patrones de Bielorrusia. Es una más de las naciones que se desgajaron del imperio soviético, algo que Putin considera una aberración histórica. Lo considera así en relación a los países bálticos, a Georgia, a Polonia o Rumanía pero, sobre todo, en lo tocante a Ucrania y a Bielorrusia. Estima que son parte de la carne rusa que se han separado en un momento de debilidad de Moscú aprovechado por las asechanzas seculares de Occidente.

El presidente bielorruso Lukachenko, aunque separado, es una marioneta a las órdenes de Putin. Esto no ocurre con Ucrania que tiene lógicas pretensiones de ser una nación plenamente independiente sin la tutela de Moscú. Dado que Bielorrusia hizo unas elecciones harto trucadas con el beneplácito del Kremlin, Bruselas le impuso sanciones.

La reacción de Lukachenko es la conocida. Siguiendo el ejemplo de Erdogan, Guedaffi y de Mohamed en el caso de Ceuta, nos chantajea con la emigración. Atrae refugiados sirios e iraquíes a su país, ya a miles, los lleva a la frontera polaca y que se desenvuelvan creando problemas a la seguridad y al estado polacos . Un chantaje que, por ahora, no funciona. Bruselas no levantará las sanciones. Quizás las aumente.

Nada de esto podría realizarse sin la bendición rusa. Putin quiere, de un lado, reconquistar el poder o la influencia en sus antiguos estados, retomar el control de una u otra forma. De otro, lo dicho, incordiar a Occidente. Tiene armas para abordarlo, el gas del que depende más de media Europa y, dentro de una guerra híbrida, las maniobras subversivas, Internet, los emigrantes como proyectil, dar un bocado territorial a Ucrania, etc… El que no quiera verlo, está ciego.

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