La película de Ghali y tirando del ovillo

Enfangados como estamos en la mentira y en la fabulación alguien ha vendido con éxito que Marlaska y Laya forcejearon, por su cuenta, sobre la entrada del líder saharaui Ghali a España y que la ministra cesada se llevo el gato al agua y derrotó a su colega de interior que no quería que el saharaui viniera.

Es bueno como relato de ciencia ficción. Uno puede imaginar al jefe de Gabinete de la ministra llamando a Defensa para que se permitiera el aterrizaje sin control aduanero del avión y al colaborador de Marlaska haciendo lo propio para que no se autorizara. Es decir, que la superwoman Laya acabaría doblegando al debilucho Marlaska. ¿Es de recibo que esto pudiera ocurrir sin que la ministra contara con el apoyo claro del señorito de ambos? Más aún, ¿es realista pensar que, aún sin la oposición de Marlaska, la ministra pudiera animarse por sí sola a irritar profundamente a Marruecos si el asunto trascendía? No me lo creo, todos los ministros de exteriores chequean con el jefe las decisiones delicadas, ¿para que están los teléfonos oficiales?, y me veo, a mí, modesto secretario de Estado, hablando a través de él con Felipe González, en ausencia de Ordóñez, cuando tuvimos la invasión de nuestra Embajada en Cuba por disidentes y otros, agentes castristas, que simulaban serlo. Y en alguna otra ocasión.

No es la primera vez que con este gobierno llegan aquí aviones misteriosos. El aliento de Podemos empujó al avión venezolano que aterrizó en Barajas con Delcy y sus misteriosas maletas. Fue cuando el defenestrado Ábalos dio cinco o seis versiones. Ahora estamos en un caso que también envuelve a personas con las que comulgan los podemitas. Ni en uno ni otro acontecimiento, es serio pensar que los aviones se posaron sin el beneplácito de las alturas.

Lo de Delcy se saldó acrecentando un poquito la imagen de fullero que tiene este gobierno, Ábalos mintió pero no parece que la escala de Delcy en España la gestionara él. El caso del saharaui es más gordo. Ni Laya, ni Sánchez ni los asesores monclovitas, los de exteriores si estaba en el ajo habrían hecho advertencias, calibraron las consecuencias de la decisión si en Marruecos se enteraban de que una persona que les hace ver rojo era admitida con clandestinidad pero con todo miramiento en España.

Llegó entonces lo de Ceuta que aún padecemos. Reacción marroquí desproporcionada e inhumana donde las haya pero nunca descartable. El tema del Sahara encrespa a nuestros vecinos que han aprendido del demócrata Erdogan a utilizar la emigración como represalia o chantaje.

El estropicio con Marruecos ha llevado a buscar chivos expiatorios. El último es la señora Laya de la que no cabe imaginar que tuviera un ataque paranoico como la doctora reincidente del cuchillo de estos días ni que se montó lo del avión porque había tomado tres mojitos y cinco vodkas. Impensable. La mano que meció la cuna está en Moncloa y veremos si el juez de Zaragoza, para regocijo de los servicios secretos y gobierno marroquíes, logra, tirando del ovillo, averiguar en que despacho coge al teléfono.