La vacuna y los negacionistas yanquis

En Estados Unidos, donde el número de contagios y de fallecimientos por el Covid sufre intermitentemente subidas que acarrean cierta inquietud, se abre el debate sobre la obligatoriedad de la vacuna.

Preguntados en una amplia encuesta sobre la presencia de los no vacunados en lugares públicos una mayoría de personas de forma clara aunque aún no abrumadora opinan que los no vacunados, se presume que por negarse a hacerlo, no deberían tomar un avión, alejarse en un hotel, ir a un restaurante e incluso trabajar regularmente en una oficina. El porcentaje de los que sostienen que se les debía prohibir ronda el 58 o 62% en los diversos supuestos mencionados.

La polarización del país es manifiesta. Mientras que los considerados independientes están divididos casi por igual, un poquito más del 50% a favor de la prohibición, la inmensa mayoría de los que se confiesan del partido demócrata abogan porque no se les deje tomar un vuelo, ir a la oficina , etc... Los republicanos piensan justamente lo contrario. Una cantidad muy mayoritaria estima que no hay razón de prohibirlo en una nación como Estados Unidos.

Más curiosa aún es la actitud de los reacios a vacunarse que recogía a principios de mes el Instituto Gallup. Aunque el porcentaje de los negacionistas ha bajado un tanto, ya no es un 29% sino un 22 o 23 un número muy considerable de ellos no abdica de su condición. Sostienen que si por razones de cualquier tipo, incluidas las religiosas o médicas, no se les permite trabajar en su empresa dejarán su empleo a los pocos días. Lo que indica no sólo la firmeza de sus convicciones sino que, dado el escaso desempleo existente en Estados Unidos, estiman que encontrarán tarde o temprano otra colocación.

La salida de Afganistán y la lenta contención de la pandemia, ayer subió 160% sobre la fecha anterior, empieza a dar dentelladas a Biden. Ya son más los que desaprueban (49’1) que los que aprueban (45’7) su gestión. No es catastrófico con la que está cayendo pero la diferencia con febrero es muy llamativa. Las cifras eran entonces 59 aprobación y 36% rechazo. Trump se frota las manos. Piensa que en un debate dentro de tres años lo noqueará fácilmente.