Marruecos y el espionaje del pobre

La prensa internacional, después del jaqueo de China a varias empresas occidentales, espionaje y robo industrial donde las haya, descubre otro espionaje grave, el puramente político, el de las personas cuyos teléfonos son interceptados.

Es al “affair Pegasus” nombre del material que proporciona la empresa israelí NSO a clientes de diversos tipo. El producto parece que es puntero, de lo mejor que hay en el mercado.

La seriedad del asunto no es sólo que la empresa pueda estar pasando al gobierno de Tel Aviv las conversaciones que se capten gracias a Pegasus sino el uso que los clientes, los gobiernos, estén haciendo de los dispositivos. Ya hay periódicos europeos que apuntan que Orban el primer ministro húngaro está con ello logrando acceso a teléfonos de periodistas y adversarios políticos. El político belga Verhorfstad, constante observador de las trapacerías no democráticas de Orban, pone el grito en el cielo. Parece ser, sin embargo, que la plaga desde hace unos tres años se ha expandido por el mundo. Alguien habría estado escuchando en Méjico a los cercanos a López Obrador cuando este se encontraba en la oposición, el indio Rahul Gandhi, opositor, teme que el gobierno de Modi haya controlado sus comunicaciones y las de sus ayudantes desde hace años gracias al utensilio israelí.

Luego viene la sorpresa de Marruecos. El periódico Le Monde revela que con Pegasus los marroquíes habrían estado escuchando las conversaciones de unos 6.000 teléfonos…argelinos. Los dos países magrebíes son enemigos desde hace décadas, tuvieron una corta guerra después de la independencia, están enfrentados por el Sahara, etc… Los servicios de inteligencia de ambos “trabajan” especialmente al otro.

Según el vespertino galo, infinidad de diplomáticos argelinos y personas con puestos relevantes en las postrimerías de la era Bouteflika han tenido sus teléfonos controlados por alguien de Rabat, ministros de exteriores como Lamanra o Boukadoum, el primer ministro Bedoui, etc… habrían sido espiados.

Llega en la tarde del martes la bomba. Es posible que alguien, ¿Marruecos?, le haya pinchado los teléfonos a Macron y a otros jerifaltes franceses. Una osadía dadas las relaciones entre los dos países.

Si las armas químicas y biológicas se convirtieron hace cuarenta años en el arma de destrucción masiva de los pobres ahora dispositivos como Pegasus se convierten en la CIA de los de clase media. Si Marruecos lo puede comprar, aunque sus conexiones con Israel son conocidas, no debe ser tan caro.

Finalmente, hago la pregunta que tendrán ustedes en la cabeza. Si Marruecos puede oír a Macron o al ministro argelino cuando hablan con sus mujeres, ¿no estará escuchando a Pedro Sánchez, a la cesada señora Laya, Pablo Iglesias, a gente del CNI y a todos nuestros diplomáticos? Espero que ninguno de mis compañeros diplomáticos con Marruecos no se eche allí una novia mientras su pareja está en España. Los marroquíes tendrían un arma de destrucción bastante dañina. Incómoda para el Don Juan en cuestión.