Merkel, en su gloria, a punto de hacer mutis

Angela Merkel lleva tres lustros al frete del gobierno y se retira. La deferencia que se le muestra es envidiable. Biden, aquel con el que todo el mundo se quiere fotografiar, charló con ella detenidamente en Londres en el G-7, la vio con los demás en la cumbre de la OTAN al día siguiente y, honor y primicia, ha sido invitada a visitar Washington la semana que viene. El primer dirigente europeo que lo hará. El primer asiático fue el japonés. De nuevo los dos perdedores de la guerra mundial. ¡Cuántos quisieran…! y eso que a la alemana le quedan menos de tres meses en el poder.

La cautela y la prudencia de la alemana, que se ven reforzados por el peso específico de su país, han sido muy apreciadas. La canciller, con todo, ha tenido dos pinchazos en su recta final. Ha intentado montar una cumbre de la Unión Europea con Rusia , varios europeos le han salido revoltosos y han dicho no en una reunión comunitaria del 25 de Junio. La había cocinado con un Macron esquivo y, luego, la presentó como un hecho consumado. Recuerda los manejos mandones de Chirac y su colega alemán cuando la guerra de Irak que concluyeron con una carta, fomentada por Aznar, de una docena de europeos hartos de que los condujeran borreguilmente. El petulante Chirac llegó a increpar a los más débiles. En esta ocasión Merkel ha sido más cortés. “Me entristece”, dice , “muestra que los europeos no confiamos unos en otros”.

El segundo ha sido su acuerdo de inversión con China. Era un convenio que, a fines de su presidencia comunitaria en diciembre, Merkel arrancó en una reunión de los 27 ; hubo varios miembros reticentes que acabaron aviniéndose. El desarrollo del tema uigur en China, una colosal violación de los derechos humanos, amén de roces cuando China expulsó a una decena de diplomáticos han enterrado lo de las inversiones para gran satisfacción de Washington.

Alemania está atada por el gasoducto con los rusos y por los lazos comerciales con China, los germanos son el mayor socio comercial de Pekín en Europa. Merkel se ha movido con habilidad- no abusar de arrumacos con China y Rusia pero nada de línea dura- a pesar de los dos pequeños batacazos que menciono.

Biden quiere que Alemania siga en el redil atlántico con armas y bagajes. De ahí la invitación a la señora Merkel de la que desearía dejara en su herencia una unión estrecha con Estados Unidos. Los posibles sucesores teutones ven las ventajas de tener la confianza yanqui pero no parecen abrazar la postura severa que querría el americano al menos con China.

El aprecio de Biden es óptimo en estos momentos, un 74% de alemanes aprecian sus dotes de dirigente, con Trump había bajado al 9%. Con todo, el ministro de exteriores germano, el social demócrata Heiko Mass, ha dicho irónicamente : “En Europa hemos estado describiendo a China como un socio, un competidor o un rival sistémico”. Habrá que aclararse. Es posible que Biden y el inevitable Macron tengan a partir de septiembre que aclararse con el nuevo gobierno germano en el que, según bastantes encuestas, estarán los demócrata-cristianos, los social demócratas y los verdes. Biden tendrá tela que cortar.