Al Capone, Pedro Sánchez y un consejo a la Ministra

Al Capone fue detenido por un tema baladí, la evasión de impuestos, baladí si lo comparamos a la cantidad de gente que mató y extorsionó. Sus sicarios amenazaban veladamente a comerciantes y abiertamente a rivales. A los tenderos les susurraban que necesitaban protección y que ellos se la proporcionarían por una cantidad razonable. Al que no entraba en el chantaje le destrozaban el establecimiento. Una variante del mismo es lo que aparece en el film magistral “El padrino”. Corleone mete en la cama de un rival la cabeza cortada de un caballo muy apreciado por éste. El hijo de Corleone pronuncia una frase famosa en la historia del cine: “Mi padre va a hacerle una oferta que (el otro) no podrá rehusar”.

Esto es lo que los separatistas catalanes ofrecieron a Sánchez, sin violencia, dame prebendas de diverso tipo, sucesivas, y en estos momentos métete los escrúpulos en salva sea la parte, fúmate un puro con lo que diga el Supremo o tus camaradas rancios y activa nuestros indultos. Los queremos pronto y amplios. Olvídate de legalismos jurídicos. Si no aceptas no te rompemos la tienda pero para ti haremos algo peor te retiramos el apoyo y a lo mejor te cuesta la Moncloa. Es decir, una letra catalana que firmó Sánchez cuando subió al poder le vence ahora. Les dará más cosas, no lo duden. El quiere seguir, perder el apoyo catalán significaría que le hacen añicos la tienda la casa y mucho más, Moncloa vale más que todo eso. Ahora sólo tiene que preocuparse de cómo lo explica para que no deserten más socialistas de base, lo de los felipistas lo tiene asumido y no le tortura, y que tampoco quieran tomar las de Villadiego el periódico y la emisora que cultiva y a los que filtra las noticias : pronto aparecerá que el PP es responsable absoluto de que Cataluña esté como está. Eso distrae un disparate.

De cómo la llegada al poder deslumbra, y como el líder abduce, nos da una muestra la ministra Calviño. Hace días la sensata Nadia dio una entrevista a Carlos Herrera en la que soltó dos perlas: una, voluntarista, que este gobierno ha conseguido bajar enormemente la crispación en Cataluña. De entrada diría yo que se equivoca, la polarización, la división de la sociedad no ha bajado un ápice en los tres últimos años. La ministra necesita hablar con algunos de los millones de catalanes constitucionalistas. Aparte, claro, de que su gobierno está haciendo concesiones que a corto plazo bajan fugazmente un pelín el souflé pero, a medio, desmantelan a España.

La segunda gema es que hay que ir a la concordia. A ella le costaba trabajo explicar en Europa la severidad de las penas impuestas a los golpistas ¿De verdad, señora Ministra? Me voy a permitir darte un consejo gratis desde mi perspectiva de diplomático de a pie.

Al que se pasme ante la dureza de las penas hay que preguntarle rápidamente : “¿Usted cree que nuestra Constitución es más chapucera, menos respetuosa del estado de derecho que la suya?” Cuando el otro, confuso, conteste que no, que tiene noticias, lo ha leído en The Economist, de que es respetuosa, hay que dejarles caer, con aplomo, con convicción, querida ministra, mirando a los ojos, los suyos son agradables para reflejarse en ellos, al periodista americano, al inversor alemán, al senador francés : “¿Usted cree que si las autoridades de Texas, Baviera, y en el caso de Francia, las de Bretaña o Córcega montasen un referéndum ilegal como se montó en Cataluña, su gobierno, sus tribunales impondrían penas menos severas?”

Cuando el interrogado dijera que no, que actuarían de forma parecida, que habría escasa benevolencia, la discusión se ha acabado. La ministra ya no pasa apuros. Si dice que sí lo puedes llamar farsante o ignorante porque no conoce o no quiere admitir la realidad de sus leyes. Tampoco sabrá que la autonomía catalana es de las que tiene más poderes del mundo.