Otro berrinche para Sánchez (y de paso para nosotros)

Este no es el mes de Pedro Sánchez. A pesar de las fantasías del tezanazo que pronosticaban la gloria socialista vino la realidad de Ayuso del día 4. Los madrileños no querían al PSOE sino a la intrépida presidenta tan denostada por los sanchistas y tan piropeada en el extranjero. Ahora llega el aldabonazo de los súbditos de Mohamed VI.

Que te metan seis u ocho mil jóvenes por mar o por tierra no es de recibo. Es un gesto inamistoso. Es claro que sin la pasividad de los guardias marroquíes esa cantidad de gente nunca se habría echado al agua. Ahora bien, hay que recapacitar sobre el por qué de la permisión de la avalancha. ¿ Que resquemores alberga, no sólo el monarca marroquí sino su cúpula y prensa, sobre España y, más aún, sobre su gobierno? Bastantes y no buenos. Nuestro presidente no es precisamente idolatrado en el país vecino. Antes de ser líder de su partido participó en una misión de observación internacional en la que hizo manifestaciones que en Rabat no gustaron. Luego, habiendo los cinco jefes de gobierno españoles anteriores empezado sus periplos exteriores por Marruecos, él hace otra cosa. Estos detalles parecen baladíes pero “el agraviado” toma nota. Más tarde, la vedette mediática del gobierno, es decir su Vicepresidente Iglesias, recuerda, en el momento más inoportuno que pueda imaginarse, cuando Sánchez estaba preparando el abortado viaje a Marruecos, que el Sahara no es marroquí. Algo que puede ser verdad, la ONU no se lo ha adjudicado, pero que es una aseveración hiriente y destemplada si quieres tener una visita pacífica a nuestro vecino. Sánchez se calló y no lo llamó al orden. No hubo visita.

Mencionemos también que a los dirigentes marroquíes no les ha entusiasmado que recibamos al jefe del Polisario. Por supuesto que lo hemos hecho por razones humanitarias, no hay que escandalizarse, pero nuestros vecinos del sur tienen su susceptibilidad y querrían que al menos se lo hubiéramos contado.

El gobierno hace ahora, después de las dilaciones mostradas cuando la pequeña invasión en Canarias, en movilizar al ejército. Y, por supuesto debe devolver a su país a todos los intrusos que pueda. Con corrección pero en frío o en caliente. Sánchez, una vez más, tendrá que tragarse lo que dijo cuando estaba en la oposición y había que atacar a Rajoy y demonizar solapadamente a Trump porque era rentable: “devoluciones en caliente, nunca”. Resulta que sí, las en caliente son inevitables. Sobre todo cuanto te invaden. Sánchez aun viajando a Ceuta no aprenderá. Dirá dos frases buenistas y se pondrá a pensar en las primarias de Andalucía que es lo que condiciona toda su política en estos momentos. Si Susana Díaz prospera el sobresalto será mayor que el ayusazo y el desembarco en Ceuta.