La pandemia y las mujeres

Pronto habrá una avalancha de libros sobre los efectos de la pandemia en la sociedad. Se desmenuzarán datos sobre el aumento del tiempo delante del televisor, el crecimiento de la lectura y la venta de libros, aunque las editoriales sigan jugando a víctimas, el incremento de las ganancias de las casas de apuestas y hasta que, destrozando todos los pronósticos, en bastantes naciones del mundo ha habido un sorprendente descenso de los nacimientos. En Francia, por ejemplo, mostrando la tendencia de todo el confinamiento, en enero hubo solo 53.900 nuevos bebés contra 62.180 del año anterior. En España puede haber ocurrido otra tanto.

También descubriremos que en nuestro país sociedades consideradas más capacitadas, o auto consideradas, Cataluña y el País Vasco, para resolver problemas no se han distinguido precisamente por ello. No están a la cabeza.

De su lado, el World Economic Forum lanza un aviso serio: la pandemia implicará para las mujeres un retraso de una generación si observamos el fenómeno globalmente. Lo que significaría que la brecha entre hombres y mujeres tardará tiempo en cubrirse.
El estudio muestra que varios factores han contribuido a la precariedad económica femenina y cita detalladamente dos: hay muchas mujeres empleadas en sectores muy afectados por la crisis actual como el comercio y la restauración. Por otra parte, el tener a los niños en casa todo el día ha implicado mayores problemas en la concertación casa-trabajo. Lo que ha afectado más a la mujer a la hora de conservar un empleo. Subrayando la tendencia negativa el estudio concluye afirmando que la plaga va a traer una aceleración de la automatización lo que va a incidir en la eliminación de no pocos puestos de trabajo en cajeras, vendedoras, secretarias, recepcionistas lo que hará más estragos en la fuerza laboral femenina.

En Estados Unidos 1 de cada 4 mujeres de esas categorías puede verse afectada. En otro orden de cosas, la prensa sajona, yanqui y británica, se explaya sobre las consecuencias relativas al uso de los sujetadores. Un larguísimo articulo publicado en The Guardian recoge opiniones de sus lectoras de todo el planeta. Predominan las que se muestran satisfechas porque el confinamiento las haya liberado del sujetador. Una escocesa que no da su nombre afirma que afortunadamente “la fuerza de la gravedad no ha tenido el efecto drástico que temía". Elaine, profesora en Alemania, insinúa que es posible que no se ponga mas esa prenda en su vida. Dos lectoras que viven en Oriente, Minal en Sri Lanka y Michelle una británica desde Indonesia, se sienten igualmente contentas aunque se quejan de que no pueden salir sin sujetador en los países que viven. Minal ironiza: dada la cultura de mi país, dar más presencia a los pezones crearía un caso, choques de coches en la calle y presentación de una moción en el Parlamento... Para Alicia de Nueva York andar sin sujetador es un acto de rebelión. Y por último, hay una polémica sobre si al regresar al sujetador hay que volver a los de aros o a los que no lo tienen.