Un cordón sanitario para Pablo Iglesias

Don Pedro, Don Pablo y sus asesores están empeñados en poner un cordón sanitario a la ultraderecha (¿Vox?). Todo un presidente del gobierno advierte, campanudo, que esta será “la última vez” que se le permiten ciertas cosas a la gente de Abascal.

La amenaza es bastante cerril y escasamente democrática. Pero vayamos a lo del cordón sanitario. De entrada, estoy en contra de excluir radicalmente a grupos salidos de las urnas (¿Por qué deberíamos hablar y negociar con Bildu cuyos antecesores y amigos han pegado tiros de verdad en la nuca?). Pero admitamos hipotéticamente que tragamos con el cordón. Hagámoslo, entonces, en el orden adecuado, en el de méritos. Pongámoselo ya, entonces, Oscar a la mejor película y dirección, a Podemos. Justamente por lo que indigna a bastantes de sus dirigentes, por su pobre sentido democrático y su incitación al odio.

El jefe podemita ha colocado de Secretario de Estado a un señor que ha declarado que no le importaría pasar por las armas a Felipe VI, lleva de segunda en su candidatura a alguien que humilló y golpeó a una policía, por lo que fue condenada, manifiesta él que disfrutaría dándole patadas a un guardia, tilda de fascistas de ultraderecha a periodistas que no comulgan con su actuación, está en contra de una prensa en manos privadas y, prueba irrefutable de su totalitarismo, encuentra comprensibles los escraches a la derecha y totalmente condenables si los infligen a él y los suyos.

Si una de las reglas para medir si un país es libre o lo es viene a ser la posibilidad para sus ciudadanos de salir y entrar sin trabas-en la guerra fría Estados Unidos lo permitía y la Unión Soviética no-otra prueba crucial en el termómetro de la democracia es la del acoso, la del escrache: hay quien lo condena en todo caso y quien lo permite, y aplaude, cuando se perpetra en contrarios.

Iglesias, febril con la campaña electoral, se indigna porque el Rey no haya condenado públicamente lo del envío de balas que él inmediatamente ha utilizado políticamente, cosa que los apestosos fascistas Aznar, con atentado no hipotético, o Rajoy con el puñetazo real no hicieron.

Me parece una insensatez que el rey tenga que salir a hacer constantemente declaraciones; es curioso que lo pidan quienes criticaron que hablara cuando el tema gravísimo del referéndum chapuza catalán. Pero, imaginemos de nuevo que el rey se prodiga cuando ocurra algo llamativo. Establezcamos también un orden.

Pongamos al rey a condenar:

Que un ministro del Interior se atreva a decir que el principal partido de la oposición es una agrupación delictiva.

Que el gobierno de Sánchez le obligue afirmar una Ley en cuyo preámbulo se censura al partido de la oposición.(¡¡¡En una Ley!!!)

Que se le imponga un alto cargo que ha dicho que no le importaría liquidarlo.

La lista es larga, muy larga, si se quiere. Y habría que agotarla antes de que el Rey dilucidara si tiene que pronunciarse sobre si la señora Monasterio fue una fascista violenta porque cuestionó lo de las balas. No lo aprobó, se interrogó sobre la verdad de la noticia.

Yo no lo cuestiono, pero envuelto en su ego, en el que cabalga más aguerrido cuando hay campaña electoral, el señor Iglesias tendría que percatarse de que todos los altos cargos hemos recibido amenazas serias en uno u otro momento. No es sólo el la víctima como le encantaría.