China vuelve al banquillo de los acusados

Aunque frecuentemente tildada de servil al gobierno chino, la Organización Mundial de la Salud acaba de distribuir un informe que critica el manejo de la epidemia por Pekín cuando surgió en China hace más de un año. Según el presidente de la OMS los expertos enviados allí tuvieron dificultades desde el principio para obtener información. No se les proporcionaron todos los datos y fueron, en todo momento, flanqueados por una cincuentena de ciudadanos chinos varios de los cuales no eran científicos ni nada que se pareciese.

La noticia va ya en primera de muchos periódicos occidentales que reaccionan ante la guerra informativa que Pekín viene desplegando desde el inicio de la crisis sanitaria. Recuerda la actitud de la Unión Soviética en la época de la guerra fría. El primer objetivo fue cuestionar que el origen del virus fuese China. El paso siguiente resultaba más grave: si eso fuese cierto el problema venía de Estados Unidos. El tercer paso también se franqueó en meses pasados sin vacilar: no sólo vino de Estados Unidos sino que fue fabricado por Washington e introducido en China para debilitarla.

Estas graves acusaciones han sido lanzadas en ocasiones por un portavoz oficial chino, Zhao Lijian, lo que había encolerizado a Trump, y, en otras, por personajes estrafalarios seducidos por el régimen chino o incluso por algunos expertos inventados, inexistentes. Lo que se plantaba en la red era luego difundido a escala mundial por la maquina publicitaria china con gran cantidad de recursos. La última especie china  es que fue obra de un laboratorio militar americano, el de Fort Detrick con las intenciones aviesas que acabo de apuntar. La introducción en China habría sido con motivo de los Juegos Olímpicos militares en Wuhan.

Los chinos tratan de contrarrestar noticias que aparecen intermitentemente en los medios de información occidentales y que son censuradas en China. Los científicos locales que  detectaron el problema en las primeras semanas de 2020 fueron silenciados enérgicamente por las autoridades, sus escritos desaparecieron de un par de revistas, ahora son casi inencontrables, la OMS estuvo excesivamente complaciente con las autoridades chinas en una visita de su Director a Pekin cuando minimizó el brote, etc.. Convencidos de que la mejor defensa es un buen ataque, los dirigentes del gigante asiático han lanzado la campaña negando las evidencias existentes, recurriendo a otras teorías  e inculpando al adversario americano, dado que la luna de miel que inició y luego rompió Trump no ha sido reanudada por Biden. El nuevo presidente americano no va por ahora a recurrir al pasteleo y su secretario de estado ya tuvo el choque que comentamos con su colega chino en Alaska. Sin pelos en la lengua.

Tenemos aquí una nueva muestra de la resurrección de la guerra fría. Un investigador parisino, Paul Charon, señala que los chinos han desarrollado “un ejercicio de manipulación sofisticado con objeto de destruir la demonización que implica que el virus surgió en su tierra y de que no han sido claros en la información".

Esto sólo ha comenzado. Se puede concluir que la campaña china calará en su amordazada población y en la de ciertos países pero puede concluirse que en los occidentales que cuentan, a pesar del rechazo que, a menudo, encuentra Estados Unidos,  la van a perder en buena manera. La credibilidad no es alta.