Los grandes se abroncan en público

Biden

He tenido que recordar que cuando el director de esta publicación me pidió mis colaboraciones el acuerdo implícito era que dedicaría especial énfasis a la política exterior.

Eso intento aunque el actual gobierno socialista te provoca con relativa frecuencia y has de hacer un esfuerzo para no analizar la interna ¿Qué pensar de la frase de Sánchez tachando a Ayuso de narcisista? (¡Precisamente él¡). Y qué decir cuando Ábalos afirma que el PP compra los votos y ellos convencen porque ¿Cuánto nos ha costado el apoyo que Bildu, Esquerra y el PNV han prestado al actual gobierno? Eso sí que es comprar, abierta y desvergonzadamente y a un enorme precio.

Vayamos, sin embargo, al actual enfrentamiento entre China y Rusia con Occidente que trae sonoras reminiscencias de la época de la guerra fría. Esta semana, la Unión europea ha impuesto sanciones a cuatro cargos de la provincia china de Xinkiang, Pekín ha replicado con represalias contra varios parlamentarios europeos y cuatro organizaciones de nuestro entorno. No hay españoles.

El tema de los campos de concentración y reeducación en esa provincia para la minoría islámica uigur resulta un bochorno y bastantes defensores de los derechos humanos occidentales han pedido que se haga algo. Más de un gobierno democrático hubiese preferido mirar para otra parte, China es mal enemigo, pero Pekín no se lo ha puesto fácil. Los campos existen, es un hecho probado, y los rumores sobre la humillación de los figures circulan crecientemente. Que China se haya convertido en un gigante sin precedentes, mayor economía del mundo, potente inversor y prestamista…explica el silencio de los países islámicos que profesan la misma religión que los uigures. Sus opiniones públicas, además, están menos sensibilizadas en el tema de los derechos humanos.

La occidental es diferente. Oyen de prácticas de la época funesta de la Unión Soviética y reacciona. El cambio de la presidencia en Estados Unidos ha subido el tono de la riña. Biden -aparte de su ideología tenía que marcar distancias con el acomodaticio Trump- no ha vacilado en admitir en la tele, al ser interrogado en la cadena ABC, que Putin era un asesino.

Lo que son palabras mayores. El ruso no ha entrado del todo al trapo de los insultos y ha ofrecido un debate público con el americano lo que resulta notable dado que nunca ha aceptado celebrar un debate con sus contrincantes en las elecciones rusas.

Por otra parte, también ha habido una escaramuza entre el Secretario de estado yanqui, Blinken y su homólogo chino. Delante de los periodistas, observen. El americano, instruido por Biden, se ha quejado de la política china en Hongkong, de la cuestión de los uigures y hasta de los ataques cibernéticos de China a empresas estadounidenses. No se ha dejado mucho en tintero. El chino, visiblemente irritado, replicó que ya está bien de que los Estados Unidos den lecciones, que tienen mucha casa que barrer, que China no acepta sermones ni de Washington ni de nadie: “ los Estados Unidos no representan la opinión pública mundial, tampoco el mundo occidental”. Eso durante 19 minutos. Un intercambio, “franco”, esta vez no es tópico, agrio, propio de otro momento y otros interlocutores. Lo nunca visto.

Biden, cuya popularidad, después de dos meses en el poder, sigue alta, un 59% de aceptación, parece decidido a proseguir su denuncia de la violación de los derechos humanos en el mundo y a aguijonear educadamente a sus aliados para que hagan lo propio. Mientras, Rusia y China se reúnen, el ministro ruso Lavrov estaba ayer en Pekín, para actuar de consuno frente a los occidentales. La guerra fría, es ya un hecho, ha resucitado, pero las batallas no se libran en terceros países sino en la economía y en el Internet.

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