Terremoto en la Casa Real británica

CBS Twitter (@CBS)Meghan

Las aguas se habían calmado en la realeza de Gran Bretaña después de la muerte de Lady Di. Los remolinos pasaron a la Casa española. Ahora vuelven con fuerza a Londres. Con mucha fuerza porque el misil llega desde California donde han fijado su residencia el príncipe Harry y su esposa Meghan.

La carga del proyectil es tóxica y con ramificaciones. El efecto en la prensa británica ha sido vasto y profundo: el Mirror titula “la peor crisis real en 85 años” (haciendo referencia a la abdicación de Eduardo VIII para casarse con una plebeya), el Telegraph “un insulto para la Reina”, el Mail “¿qué han hecho?” (Harry y Meghan), otros, “ha desgarrado la Casa Real” o “crisis en palacio después de la insinuación racista”.

Ahí es donde más duele, en la acusación de que en la Casa real británica hay un poso racista.

Todo ha surgido en la entrevista que la joven pareja británica, ella a punto de alumbrar su segundo hijo, ha concedido a al programa de Oprah Winfrey. Tanto si Harry y Meghan querían por fin desahogarse o si iban más allá queriendo crear problemas a quien se los ha creado a ellos cuando residían en Inglaterra el efecto ha sido conseguido con creces. Oprah dirige quizás el programa de entrevistas de más audiencia de Estados Unidos, puede que sea la mujer con más credibilidad del país y sus comentarios, recomendaciones, de libros, de films, etc… llegan a millones de personas. Es, por otra parte, una avezada mujer de negocios que ha vendido ya el programa a alguna otra cadena y será muy solicitado en varios países.

De las declaraciones de los dos jóvenes se infiere que la casa Real británica es inhumana, hipócrita y algunos de sus miembros racistas. En un momento del programa los entrevistados han dado claramente a entender que antes de nacer su primer hijo, Archie, en palacio había una patente preocupación con la interrogante de si “sería muy negro”. No olvidemos que Meghan es mestiza y, para la repercusión en Estados Unidos, que Oprah es negra y que aquel país ha vivido meses tumultuosos recientemente por la cuestión racial. En un momento en que la entrevistadora inquiría si Meghan había encontrado una conducta “rude” (poco amable, grosera) hacia ella en palacio ha remachado que poco amable no es lo mismo que racista.

Que Meghan, de nacionalidad estadounidense, añadiera que agobiada psicológicamente, había contemplado la posibilidad de suicidio y que otro de los muchos desaires que recibieron fue el propósito de no dar a su hijo Archie el título de príncipe cuando su abuelo Charles suba al trono ha subido los decibelios de la explosión. Aunque Charles quiera reducir los miembros de la Casa Real, ¿por qué empezar con éste?, ¿porque es negro?, se pregunta The New Yorker. Incontables comentaristas tratan hoy del asunto en los medios británicos y lo seguirán haciendo en patente división. Uno conocido en el bando anti-Meghan, Piers Morgan, sostiene que no hay que creerla, que no creería lo que dice “aunque estuviera leyendo el pronóstico metereológico”. Otros se preguntan si se repite la historia, si es posible que la monarquía británica no haya aprendido nada después de lo que ocurrió con Lady Di.

El asunto traerá cola. Ya se comenta que desde la Casa Real han deslizado comentarios críticos contra la pareja como cortina de humo para ocultar las andanzas de su tío el príncipe Andrew. No olvidemos, además, la grave delicadeza del tema racial en un país cuya población cuenta ya con 15% de personas que no son blancas.

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