La mentira no es castigada

Al presidente Trump, mentiroso donde los haya, lo acusan de engañar incluso cuando no sea claro que miente. Y le ocurre lo que al Cid, no gana batallas pero le persigue el estigma de trapalón después de haber dejado la presidencia. El Washington Post le sigue otorgando “Pinochos” sobre afirmaciones de hace dos meses que no está claro que fueran falsas.

En nuestros pagos, la mentira es más rentable por lo que vemos. El equipo del ministro Ábalos no acaba de aclarar por qué en el controvertido viaje del político a Canarias cuando la crisis de las pateras uno de sus hombres de confianza pagó una jugosa suma en un hotel en billetes en metálico de los más gordos. Lo que no parece ser la practica de las delegaciones oficiales ni del partido socialista. Pero el hecho ocurrió y no hay explicaciones.

Más confusas las hubo cuando la insólita escala de la vicepresidenta venezolana Delcy en el aeropuerto madrileño debido a la cual algún socialista del Antiguo testamento ha acuñado la expresión “mientes más que Ábalos en Barajas”. No sabemos las razones por las que se permitía la entrada en suelo español a alguien al que la Unión Europea prohibía la entrada en su territorio (¿no es España miembro cumplidor de la Unión Europea?, ¿no es Barajas territorio español?), ¿por qué fue un ministro a charlar con la venezolana?, ¿por qué introdujo en nuestro país un número abundante de maletas? (es igual que fueran 40, como se ha asegurado, que 8. Es inexplicable). De las mutantes aclaraciones del ministro sólo quedó una frase para la historia del aparato gubernamental: el ministro evitó una importante crisis internacional con su aparición en Barajas. Explicación humorística, que duda cabe.

Ahora nos llega la crisis del Barcelona de cuya situación económica no hay que alegrarse porque es mala también para los aficionados y la Liga española. Su último presidente es detenido con sus colaboradores por la policía y dejado en libertad bajo fianza, hay otros dos o tres de sus predecesores que han pasado por los juzgados, alguno ha sido absuelto, y en la imagen del Club ya hay manchas como no jugar una final oficial, arrojar en protesta una cabeza del cerdo al césped, ser un campeón en el pago de las ilegales primas a terceros (Lendoiro dixit) y otras zarandajas non santas. Todo un historial no igualado por ningún club español y tal vez ni siquiera europeo exceptuando alguno manejado por la mafia. Sin embargo, la fe que profesa el sector fanático y a veces politizado de su seguidores es inquebrantable. Es sólo un sector pero no ínfimo. Para ellos todo es una conspiración de Madrid y del gobierno casposo de España. Me pregunto, sin embargo, qué razón alegarán en estas fechas cuando personas cercanas al detenido Bertomeu dan a entender sin tapujos que el acoso y derribo del último presidente no procede del gobierno fascista de Madrid, sino de la Generalitat catalana a la que irritaba que Bertomeu no fuera suficientemente independentista. Era un tibio.

Y la pregunta que deberían hacerse ese puñado de fundamentalistas catalanistas culés es la siguiente: ¿Qué pasaría si el autor de ese rosario de tropelías, paso por los juzgados, alguna condena, incalificable gesto de no jugar un partido, escaparse por ser el Barcelona de que le cierran el campo por el cerdito, las primas… si todo esto fuera imputable a uno de los dos equipos de Madrid? Sabemos la respuesta; en ese caso, dirían, “todo es verdad, los de Madrid son fulleros que lo llevan en el ADN, lo nuestro es mentira, deformado, exagerado”. Sin más.

Buen ejemplo de la reacción descrita es un propósito de las elecciones del Club el próximo domingo. Un candidato, sin ruborizarse, suelta: si salgo elegido, “no permitiré que el VARentino controle la Liga”. Un objetivo proclamado en fechas en que el Real Madrid no anda muy sobrado en la Liga española, que va a perder, y cuando al Barcelona el Paris Saint-Germain le clava cuatro goles en su campo. ¿Está loco el candidato Toni Freixas? En absoluto, no lo creo. Es que sabe que culpar al presidente del Real Madrid de los males barcelonistas y hasta de que las empresas que huyan de Londres con el Brexit no acudan a Barcelona es productivo? Una espléndida cortina de humo que bastantes fundamentalistas engullirán.

La mentira alimenta el victimismo y, con frecuencia, es rentable.