China, los derechos humanos y la Olimpiada

Las acusaciones vertidas contra el gobierno chino por su tratamiento de la minoría uigur han pasado relativamente desapercibidas hasta el reciente incidente con la BBC que ha despertado la cólera de Pekín.

La prestigiosa cadena televisiva británica, la más fiable del mundo según abundantes observadores, difundió el día 3 un reportaje en el que varios entrevistados hablaban de la existencia de campos de concentración por los que habrían pasado más de un millón de personas de la minoría musulmana uigur y en donde habrían sido “reeducados” y asimilados. No faltaban las acusaciones de que se habían producido violaciones de mujeres y hombres y de que un número indeterminado de mujeres habían sido esterilizadas. Los que desean poner en evidencia a China hablan ya de genocidio.

Aunque la acusación de esterilización sea algo truculenta y resulte dudosa por el efecto boomerang que tendría sobre la imagen china, la existencia de los campos de concentración y reeducación es un hecho atestiguado ya por demasiadas personas.

Parece, en consecuencia, que el régimen chino ha encontrado un baldón no despreciable. Hay comentaristas, como el francés Dilnur Reyhan que se pasman de que los dirigentes de los países musulmanes del mundo permanezcan callados ante lo que evidentemente no es un programa voluntario para las personas musulmanas mencionadas. Es ciertamente curioso que las caricaturas de Mahoma publicadas en Francia produjeran una ola musulmana de petición de boicot a los productos galos y y con el tema uigur se mire para otra parte.

En Estados Unidos, por otra parte, donde se vive una creciente rivalidad con el gigante asiático, ya se ha elevado alguna voz proponiendo que se haga ver a los chinos que los Juegos Olímpicos de invierno del año que vienen peligran. Se recuerda que en 2008 cuando China celebró los Juegos el presidente estadounidense George Bush, después de una pequeña controversia, decidió asistir aunque en algún momento aludió al respeto de los derechos humanos. El presidente del Comité olímpico internacional de la época, Rogge, había subrayado, para disipar los recelos occidentales, que los Juegos ayudarían a “que China se abriera”.

Políticamente, la apertura no llegó. Y ahora en Estados Unidos, por razones humanitarias y políticas, se comenzará a comentar que no hay que blanquear a un régimen como el chino que hace caso omiso de los derechos humanos. Pekín reaccionará, sobre todo en países pequeños que se hagan eco y es un mal enemigo. Con todo, la BBC, vigilante ahora, tampoco es un chiquilicuatre a la hora de potenciar o empañar una imagen.