Pedro Sánchez y el juego de café

El antiguo Secretario general de la OTAN Anders Rasmussen pronosticaba hace pocas fechas que “ los inquietos aliados de Estados Unidos van a hacer cola en la puerta de Biden”.

Cierto. Biden tiene enormes preocupaciones internas y los tiempos de pandemia no está para recibir amiguetes. Por eso la cola se hace en el teléfono. Los presidentes estadounidenses aceptan las llamadas de felicitación siguiendo un orden no preestablecido aunque sí lógico. Gran Bretaña, antigua metrópoli, amén de los vecinos Canadá y Méjico van en el primer día normalmente. Israel, casi casi; luego entran los adversarios grandotes, China, Rusia y los aliados occidentales de peso, Alemania y Francia. Posiblemente Japón se integra también en este grupo. Después es el turno de los restantes aliados.

El británico Johnson parece que fue el primero en esta ocasión. La “relación especial Londres Washington” no es ni mucho menos lo que era, con todo, algo queda de la tradición y el británico se aferra a ello en sus declaraciones. El francés Macron que conversó con el emperador yanqui un día después también ha hecho ver que la patria de Lafayette desarrollaría un diálogo sui generis con el líder del mundo occidental.

Algunos presidentes españoles no quieren quedar rezagados. Zapatero logró felicitar a Obama como el cuarto día de la toma de posesión del americano. Fue una conversación relativamente corta, unos diez minutos y en inglés. Contendría los tópicos normales dada la ocasión y la inevitable brevedad. Sin embargo, la Moncloa de la época filtró a la prensa que había sido importantísima y que había brotado una increíble “complicidad” . Algo, desde luego, insólito, por teléfono, sin verse las caras y con traducción. El entusiasmo daría pie a las soñadoras declaraciones de la señora Pajín sobre el encuentro sideral. ( ¡Qué cateta la Moncloa y qué ingenua Pajín!).

Ahora Sánchez nos avanza, no sabemos cuando ha hablado o va a hablar con el deseado Biden, que va a ofrecer al americano una “relación especial” (otra más) en cuestiones de seguridad y otras. Me pregunto dos cosas: ¿Cuántas relaciones especiales va a tener Biden? ¿La tendrá también con Canadá, Australia, Nueva Zelanda (integrantes con EEUU y Gran Bretaña del grupo internacional de seguridad “Los cinco ojos”), con Japón, con Israel, con Corea, con Polonia, con Irlanda, con Italia, con Portugal, con Suecia o Marruecos? ¿Y con Alemania o Noruega? Son demasiadas relaciones especiales.

Por otra parte, ¿Qué “relación especial” de seguridad y en temas de terrorismo, le dirá la CIA a Biden, se puede montar con un país que tiene en su gobierno no ya a comunistas sino a fervientes simpatizantes de Maduro, el castrismo y los ayatollas? Porque Trump haya hecho mutis ¿nos va la gente de Biden a pasar información que sus servicios de inteligencia temen que pase a manos de los sospechosos habituales citados? Harto dudoso.

Sánchez recuerda a ese señor que regala un juego de café en una boda y luego se pavonea en su pueblo del golpe que ha dado con su espectacular obsequio. No se percata o no quiere percatarse que es el sexto juego de café que reciben los novios, y que, aunque muestren su agradecimiento, les llegan otros numerosos presentes que, por sus características o por la personalidad del invitado, les hacen un poco más de tilín.

La de nuestra relación especial suena como lo de la prosperidad compartida con Gibraltar. A camelo.