Ahora el vecino de abajo se engalla

Tu puedes decir que Ceuta y Melilla son españolas, que lo son, que el propio primer ministro marroquí reconoció hace días que están en poder de España desde unos cinco siglos lo que equivale a admitir que eran nuestras antes de que verdaderamente existiera el reino de Marruecos. Puedes añadir que se sienten españolas y que la comunidad internacional las reconoce como tales. La ONU no ha dicho que exista allí una situación colonial como en Gibraltar. Todo eso es cierto.

Con todo, no conviene hacerle cosquillas incómodas a Marruecos porque entonces reaccionará de una u otra forma. El primer ministro marroquí ha discurseado en un diario cairota. Afirma, si lo traducimos al lenguaje llano, que una vez que su país digiera el tema del Sahara, no hay prisas, las dos ciudades españolas deberían ser absorbidas por Marruecos. Es lo que nuestros vecinos vienen sosteniendo hace tiempo, no quieren tener dos conflictos a la vez. Prefieren esperar. La espera con el Sahara no será corta, les tocó adelantadamente el gordo con la decisión de Trump, y es difícil que esto sea anulado por Biden, pero Argelia y muchos países africanos…, no están por la labor de dárselo a Marruecos. La ONU remoloneará por las divisiones y Rabat tendrá que contratar a supuestos “influencers” como Zapatero, ganados a su causa, para que peregrinen, montados en su ego, y defiendan un Sahara marroquí. No es para mañana.

Sin embargo, que Marruecos manifieste ahora sus apetencias, en momentos en que parecía estar saciado por el reconocimiento de Trump sólo puede obedecer a que nuestro presidente y nuestro Vicepresidente no están en olor de santidad en los círculos de Rabat. Sánchez estuvo en una comisión que criticó la justeza de las elecciones marroquíes. Tomaron nota. Iglesias lanza su intempestiva, por ser el momento erróneo, proclama sobre el Sahara. Volvieron en la cúpula marroquí, aguijoneada, a tomar nota, esta vez con subrayado en rojo.

Sería bueno que el gobierno en política exterior tuviera una sola voz y hablaran sólo los que deben hablar. La incipiente cacofonía se debe a la pasividad o complacencia de Sánchez. Y habrá un momento en que aquí o allí nos pasaran factura.

¿Qué pensará un embajador extranjero que sentado en la tribuna de invitados ve como el Vicepresidente Iglesias, se levanta desairadamente de su escaño cuando la Ministra de Asuntos Exteriores comienza a decir con razón que no caben vedetismos de subalternos en la política exterior? Poco bueno.