Iglesias, el Sahara y Trump

Explicar que la cumbre que celebrábamos la semana próxima con Marruecos ha sido cancelada por el coronavirus puede ser el embuste número 222 de nuestro gobierno. La reunión estaba prevista desde hacía meses y las condiciones sanitarias no han empeorado.

Atribuirlo, en buena medida, a las declaraciones de Pablo Iglesias sobre el Sahara parece más adecuado: Hablar de la necesidad de celebrar un referéndum en el territorio, lo que equivale a incordiar gravemente a los marroquíes, en fechas en que estamos suplicándo que impidan la salida de miles de emigrantes, no se le ocurre ni al que asó la manteca. España ha defendido siempre que los saharauis deben escoger su futuro, hasta ahí correcto, pero no se pregona el asunto en un momento tan disparatado. Para el rey Mohamed, su gobierno y la inmensa mayoría de los marroquíes un vicepresidente del gobierno español estaba blasfemando. No es raro que Rabat haya dado a entender que el rey no recibiría a Sánchez y que el ambiente sería gélido.

Publicar que nuestro gobierno había decidido que Iglesias no formaría parte de la delegación era una burla que los marroquíes no habrán apreciado.  Era lo que faltaba.., que el podemita llegara a Rabat y mientras Pedro esperaba nervioso para ver si el rey se dignaba recibirlo, el inefable Pablo mantenía un encuentro con alguien del Polisario y, repitiendo el guión de Bolivia y con los sabuesos de la prensa debidamente advertidos, robaba todos los titulares, ¡que gozada para él ¡, y de propina abofeteaba a los anfitriones. ¿ Quién hace la política exterior española se preguntarían muchas cancillerías? ¿ El apuesto presidente o el inquieto vicepresidente?  Hasta cuando durará la dualidad nos preguntamos nosotros.

Los marroquíes no se han llevado ningún berrinche con el aplazamiento porque acaban de recibir un regalo monumental. Han permutado, gracias a Trump, el establecimiento de relaciones con Israel por, un premio gordo, el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara. Un bingo total. Algo por lo que, dado que la Onu no la reconoce, están suspirando desde más de cuarenta años.

Estados Unidos venía en estas décadas proclamando una neutralidad oficial entre Marruecos y el Polisario. En bastantes ocasiones, con todo,  Washington parecía estar cercano a París en la defensa empedernida que Francia hace de las tesis marroquíes sobre el territorio. Públicamente, no obstante, no se distanciaba de la tesis española: son las Naciones Unidas quienes deben dictaminar cómo se realiza la descolonización. En julio del 2003, Estados Unidos, para asombro de propios y extraños e irritación franco-marroquí, dio un giro visible y apoyó con denuedo en la Onu la celebración de un referéndum en el Sahara. Es posible que el cambio fuera debido a que el autor del Plan onusiano sobre el referéndum fuera obra de estadounidense Baker, republicano y amigo de Bush padre e hijo.( Soy testigo de excepción porque yo presidía el Consejo de Seguridad el día que se aprobó por unanimidad la resolución 1.495).

La resolución no se implementó porque en el texto, pasteleando como diría el propio Baker, se incluyó la frase que el plan debería llevarse a cabo “con el acuerdo de las partes”.

Estados Unidos vuelve ahora  al apoyo decidido a Marruecos. Con luz y taquígrafos, no con nocturnidad como hacía Zapatero.  La nueva postura tiene su intríngulis. Israel, gracias a Trump , va abriendo más relaciones con países árabes. Ya no es un apestado.  En nuestras cercanías, la decisión de Trump, que se contenía para no molestar al influyente senador republicano Inhofe defensor de las pretensiones polisarias, altera en cierto sentido el tablero. Mal día para Argelia y el Polisario. Biden está a medio paso de la Casa Blanca pero no es seguro que haga tabla rasa con todas las iniciativas de Trump.  Desde luego se tentará la ropa antes de soliviantar los logros de Israel (traslado de la Embajada a Jerusalén, etc…). El lobby judío de Estados Unidos  vela las armas.