La historia y el ridículo se repiten

Hemos tragado el anzuelo de nuevo. Siendo Estados Unidos el país inventor de los sondeos de opinión otra vez nos han vendido una moto como nueva y estaba averiada. Las encuestas americanas fallaron clamorosamente cuando Reagan desbancó a Carter en 1980, ya lo habían hecho cuando en la segunda elección de Roosevelt (1932) pronosticaron que su contrincante Landon lo revolcaría, pifiaron con Clinton en su pugna con Bush padre, etc… Esto es casi la prehistoria uno no tiene por qué conocer en detalle la historia de Estados Unidos. Ahora bien, nos hemos olvidado del ejemplo más reciente, el de 2016 cuando aquí en España creímos, porque lo deseábamos, que la inteligente, preparada y rodada Hillary Clinton iba a torear con media docena de pases al impulsivo e inquietante Trump. No fue así. El rubio populista captó muchos votos de descontentos con los políticos de Washington e hizo un estudio inteligente de los estados en los que debía concentrar su esfuerzo e invocar los agravios que sus habitantes creen padecer, Pennsylvania, Michigan, Carolina del Norte, Florida, etc…Perdió así el voto popular pero ganó el billete para la casa Blanca.

Ahora, al día siguiente, hay un resultado incierto y se repite el ridículo de la prensa escrita estadounidense, 119 periódicos estaban por Biden y 6 por Trump, y más aún el de los sondeos americanos. La influencia de la prensa, en consecuencia es escasa si tenemos en cuenta que Trump va codo con codo con su rival terminada la votación. Los sondeos, de su lado, daban, como media, una ventaja de Biden de 7 u 8 puntos.

El voto popular, como ocurrió hace cuatro años, se va a inclinar por Biden como entonces hizo por Hillary, casi con 3 millones de diferencia con su rival republicano, pero el colegio electoral está aún en el limbo. El martes 4 al mediodía parecía que ganaría Trump, ya por la tarde la flecha apunta a Biden. Trump ha repetido su exabrupto, parece que lo ha formulado 190 veces en los últimos meses, de que la elección está trucada en su contra en varios estados. Parece una treta de trilero pero augura que la elección, por disensiones sobre la forma de recontar los votos en Pennsylvania, Carolina del Norte, etc…, puede acabar en los tribunales. Es raro que Trump admita su derrota si es por un margen muy estrecho y alguien le indica que los tribunales pueden darle la razón en un estado determinado. En el año 2000, la lucha entre Bush hijo contra Al Gore fue a parar al Supremo que por 5-4 votos concedió la controvertida victoria al republicano. ¿Irá tan lejos el asunto en esta ocasión? Podría ser. Él firmaría que el tema aterrizara en la mesa de los magistrados del Supremo donde tiene teóricamente mayoría de fines supuestamente afines a su ideología (6-3). Ahora bien, el Supremo de Estados Unidos es aficionado a dar sorpresas, hace días autorizó la prolongación de la recepción de votos en Pennsylvania lo que debió irritar al Presidente.

Los demócratas (Carville) hablaban en la tele del whisky que iban a paladear esta mañana, uno de postín, para festejar el triunfo de Biden. Lo han aplazado sin fecha. Mientras, una revista americana titula : “Una votación demasiado apretada para que nuestra nación se sienta cómoda”.