Estados Unidos: la magistrada y la librería

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Como cualquier análisis realista podía prever, la magistrada Amy C. Barrett juró el lunes por la tarde su cargo como nueva juez del Supremo estadounidense. Delante de Trump que ese mismo día había hecho tres bolos electorales en diferentes sitios de Pennsylvania, estado clave en la elección. 52 senadores republicanos, solo una desertó, votaron sí al nombramiento y los 48 demócratas votaron en contra. Es la primera vez que un miembro del Supremo es votado sólo por los integrantes de un partido.

Esa es la polarización del país y era un poco voluntarista esperar que hubiera media docena de “espantadas” en el bando republicano. Trump logra una muy importante victoria, tal vez su canto del cisne, tanto es así que muchos demócratas apuntan a que si ganan el senado el día 3 deberían inmediatamente aprobar una ley que ampliara el numero tradicional de 9 miembros del Supremo a 13 o 15. Podrían designar juristas cercanos a su ideología y colmar la brecha actual favorable a los conservadores (6-3). La juventud de Barrett y de otros integrantes del Tribunal-los miembros son vitalicios-prevé, rebus sic stantibus, una mayoría conservadora que tendría enorme influencia en el futuro.

Peculiaridades legales de la vida estadounidense. Otra, de diferente tipo, nos la da la mítica librería Strand que hemos disfrutado con gusto los que hemos residido en Nueva York. Nacida hace unos 93 años es un establecimiento gigantesco en el que bien ordenados se despliegan decenas de miles de libros, nuevos y de segunda mano. Todo está allí sin necesidad de esperar. La pandemia la ha puesto al borde de la quiebra. El mes de septiembre, por ejemplo, perdió 316.000 dólares. La propietaria, nieta del fundador, hizo un llamamiento a clientes pidiendo que si rehuían el contacto físico compraran pronto por Internet para impedir la asfixia del establecimiento. En el primer fin de semana, 25.000 personas hicieron un pedido cuando normalmente sólo lo formulan 300 compradores. Una señora de Brooklyn encargó 197 libros.

La dueña se había visto obligada a conceder licencia sin sueldo a 188 de sus 217 trabajadores. Ya ha empezado a recuperar a unos 40. Uno de los agraviados ha lanzado una saeta aparentemente envenenada: en momentos en que la propietaria congelaba a empleados adquiría 115.000 dólares de acciones de Amazon, la gran competidora de las librerías físicas (Amazon y la pandemia han originado el cierre de muchas librerías pequeñas). Los clientes que han acudido al rescate de Strand no parecen especialmente irritados. Así es Estados Unidos. Las relaciones laborales y la filosofía empresarial aceptada no son las nuestras.