Politización y polarización judicial en… Estados Unidos

Trump no ha tratado hasta ahora de violar la constitución para cargarse a los jueces, como se intenta en nuestros pagos, pero arrima claramente el ascua a su sardina.

En la próxima semana, y en lo que puede ser el último acto trascendental de su mandato, logrará probablemente que el Senado apruebe su propuesta de la magistrada Amy Coney Barrett para miembro del Supremo. Con lo que la mayoría en principio conservadora de ese fundamental órgano sería 6-3. Algo que lógicamente irrita sobremanera a sus adversarios demócratas al ser vitalicios los miembros del alto tribunal y tener la católica y sólida jurista propuesta sólo 48 años.

El querer sentar a Barrett en el Supremo legalmente pero con calzador -pocos días antes de la votación- ha acabado por polarizar el más que probable nombramiento (los republicanos controlan hoy el Senado). Una encuesta Gallup muestra que un 51% de los ciudadanos americanos aprueban a la señora Barrett pero 46% la rechazan. El porcentaje de aprobación es muy parecido al de muchos de sus predecesores en el momento en que se les examinaba en el Senado pero el de no aprobación o rechazo es en este caso muy superior, a pesar de que la candidata no parezca menos preparada que los anteriores. Hay gente que desconfía de ella por sus posiciones en el aborto y la reforma sanitaria pero la razón principal es que Trump politiza y polariza lo que toca( llamar idiota al experto Fauci es un buen ejemplo). Las respuesta de los votantes demócratas y republicanos es iluminadora: 84% de los primeros no la quieren mientras que 89% de los republicanos sí. Nunca se habían dado unas cifras tan elevadas en ambos grupos, ni allá cerca, en las 12 ocasiones que se han realizado sondeos serios sobre los magistrados.

La magistrada, y su mentor Trump, estarán satisfechos con que de los votantes independientes 52% la aprueban. Lo que es una cifra exacta a la que consiguió la ya mítica Ruth Ginsberg cuya vacante es la que se debe cubrir.

Los magistrados del Supremo, con frecuencia, se salen intermitentemente de su carril ideológico o supuestamente partidista. Ayer tuvimos el último ejemplo, el presidente del supremo Roberts, etiquetado como conservador, votó con los progresistas para que Pennsylvania pueda aceptar la recepción de votos del día 3 en una forma poco grata a Trump.

La polarización hace estragos en todos los campos. Los sondeos demuestran que la consideración como crucial de temas como la salud, el manejo de la pandemia, el cambio climático, el aumento de la desigualdad, las injerencias extranjeras en la campaña presidencial, etc… presenta una diferencia abismal según se pregunte a demócratas o republicanos. Enorme para unos, normalita para los otros.