Estados Unidos y los debates

Hace justamente sesenta años que se iniciaron los debates presidenciales televisados en Estados Unidos. Fue el 26 de septiembre de 1960. Los contendientes eran el senador demócrata Kennedy y el Vicepresidente republicano Nixon. Hubo cuatro encuentros. Kennedy ganaría claramente el primero, 39-23 según estimaciones, también el segundo 44-28, perdió el tercero 42-39 y se impuso claramente en el cuarto 52-27.

El más impresionante y más comentado, era una primicia, fue el primero. El apuesto Kennedy aparecía relajado, sereno mientras que Nixon, agotado de la campaña en la que había perdido cinco kilos, un tanto demacrado produjo una peor impresión; muchos lo vieron, unos 65millones de personas, cifra elevada para la época y resulta curioso que la gente que siguió la pelea por la radio dio un empate a los contendientes mientras que los que vieron las imágenes prefirieron sensiblemente a Kennedy. Esto ha llevado a la conclusión de que fue ese debate televisivo el que inclinó la balanza y le dio la Presidencia raspadamente a Kennedy dado que el vencedor tuvo 49’7 de los votos y el perdedor 49’6. Las peculiaridades del sistema electoral americano, véase el caso de Trump y Hillary Clinton en 2016 cuando el primero obtuvo menos votos populares, dieron a Kennedy una mayor diferencia del porcentaje citado en el Colegio electoral pero en el recuento popular sólo tuvo 111.000 votos más que su rival de unos 68 millones de votantes.

No es seguro, sin embargo, que la televisión tenga esa influencia y que el primer debate sea decisivo . Bush perdió el primero contra Kerry, Obama el primero en su reelección y Reagan el mismo contra Mondale. La Casa Blanca, sin embargo, los esperaba y se aposentaron en ella.

Esta madrugada del martes al miércoles se celebra el primero de los tres programadas este año a 35 días de la elección. Trump debería llegar tocado por la pandemia y algo noqueado por el escándalo de sus impuestos. Sin embargo, nadie da a Biden como seguro ganador. El presidente querrá entrar en el cuerpo a cuerpo e incluso en los insultos personales. En sus intervenciones a lo largo de septiembre ha llamado a Biden el 72 ocasiones “ el dormilón Joe”. El candidato, según los que lo aprecian, no debería entrar en el juego de los golpes bajos y lógicamente, el temario también lo exige, no hay en ese debate política exterior, debería, por ejemplo, buscar las cosquillas a Trump en temas como el manejo de la pandemia y la situación económica. El presidente tratará de desarbolarlo, ya ha intentado desestabilizarlo pidiendo que su contrincante se haga una prueba que muestre que no va dopado. La propuesta es insultante y descabellada pero más de un americano piensa que tiene algún fundamento porque Biden en alguna intervención electoral ha tenido deslices o vacilaciones . Aunque hayan sido explicables si el demócrata se mostrara vacilante o achacoso, los trumpianos afirman que está senil, se podría jugar la presidencia. Sus partidarios, abundantes en estos momentos, rezan para que no desfallezca en ningún momento , aseguran que es mucho mejor en la pelea contra un rival ideológico que en la disputa de las primarias con gente de su partido, y confían en que se muestre competente y templado. En principio lo es aunque Trump, según muchos observadores, sea capaz de sacar de quicio a cualquiera. La avezada y preparada Hillary no pudo con el.