¿Aceptará Trump perder la elección?

Los insultos vuelan y no sólo en los campos de fútbol. Neymar será sancionado por su puñetazo y las frases que profirió sobre Alvaro pero los contendientes a la presidencia americana también se calientan. Trump ha puesto siempre motes despectivos a sus contrincantes, Biden es “Joe, el dormilón” y una antigua adversaria era la “india Pocahontas”. Biden que da pocas ruedas de prensa tildó ayer al presidente de “pirómano” por el escepticismo sobre el campo climático mostrado por el Trump en momentos en que California sufre quizás el mayor incendio de su historia.

En la arena mediática brotan asimismo otras hogueras. La última que se propaga es que es harto problemática que Trump acepte un resultado electoral adverso a no ser que sea arrollado por su rival lo que no parece nada probable. Las encuestas, la docena de las más difundidas, sigue dando a Biden una ventaja de seis o siete puntos. Sin embargo, en los estados que pueden inclinar la balanza, la brecha se ha encogido y hay numerosas voces, la del cineasta M. Moore, rabioso antitrumpiano o la de Kim Darroch, el Embajador británico en Estados Unidos que dimitió hace meses porque alguien filtró malévolamente una carta suya en la que criticaba al presidente, que insisten en que hay mucho voto oculto, principalmente de Trump y que no se puede descartar que gane.

Todo apunta, hoy, sobre todo entre los santones-comentaristas de la prensa que el resultado puede resultar bastante apretado. En ese caso, señalan articulistas fundamentalmente de la prensa progre, “Washington Post”, “New York Times”... el presidente no vacilará en tachar al resultado de fraudulento o inválido. La tesis continúa explicando que otros presidentes, Carter, Bush senior, Ford, admitieron rápidamente su derrota cuando intentaron ser reelegidos y, además, no se embarcaron en realizar declaraciones agresivas en los meses siguientes a su batacazo. El carácter de Trump, su egolatría, le impediría ser caballeroso y, según un número creciente de críticos, recurriría a cualquier treta para no dejar la Casa Blanca.

El inevitable voto por correo facilita las disensiones y la rebeldía de un político desaprensivo. No todos los estados de la Unión lo tienen regulado de forma clara y, ante las aprensiones sanitarias de muchos votantes para acudir a las urnas en un sitio cerrado en el que hay que hacer cola, etc... este año muchos ciudadanos querrán no acudir al colegio de turno y preferirán hacerlo por correo. Las posibilidades de controversias, incluso de impugnaciones aumentan así en esta ocasión considerablemente. La idiosincrasia del presidente y los aspectos peliagudos de la votación en un país con creciente presencia del coronavirus (en contra de lo que se dice aquí con morbosa alegría, Estados Unidos no nos ha pasado en número de muertes por habitantes pero sus cifras son también abultadas entre otras razones porque allí no se maquillan) hacen que esta elección presidencial, la numero 59 desde el nacimiento de la republica.com, vaya a dar bastantes titulares.

Faltan solo 48 días, un soplo, para que veamos si los críticos trumpianos llevan razón en una fecha que tendrá su trascendencia.